domingo, 15 de junio de 2014

Sin ton ni son

El orientador del colegio de su hijo le recomendó que, para mejorar la relación con su hijo, le contará cuentos sin ton ni son. 
Tres meses después la relación había mejorado significativamente. Eso sí, ahora el niño quiere que su primer hijo se llame Delosfilisteos en honor al santo más heroico de todos los tiempos y cree firmemente que, cuando se le cae un diente, viene a traerle dinero un dios egipcio extrañamente emparentado con los vecinos del 5º E. 
Ning1

martes, 27 de mayo de 2014

Ecosistema

Tras ignorar durante años las reiteradas quejas expuestas por diferentes asociaciones vecinales, el Ayuntamiento decidió tomar medidas para atajar la plaga de palomas que infestaba la capital. 
Algunos ancianos aprovecharon esos días para despedirse de ellas, y lanzarles sus últimas migajas de pan antes de que una empresa privada capturase a las molestas aves y las trasladara hasta un pueblo abandonado lejos de la urbe.
Felices por la desaparición de excrementos y plumas, los habitantes reemprendieron su rutina diaria sin percatarse de las nuevas criaturas que comenzaban a ocupar el espacio desalojado. Al principio, instaladas únicamente en las iglesias, pasaron desapercibidas mientras su número aumentaba de forma considerable. Pero con el paso de los meses, invadieron también las cornisas de edificios aledaños. 
Resultaba imposible alzar los ojos sin sentirse sobrecogido ante la visión de todas aquellas gárgolas, que campaban a sus anchas en los tejados con actitud amenazante. Ya nadie se atrevía a pasear después del atardecer, y la mayoría de la gente se desplazaba protegida en el interior de sus vehículos por miedo a ser atacada. 
Cuando los grotescos seres abandonaron sus posiciones y descendieron hasta el suelo, cundió el pánico. Un gabinete de crisis constituido por tres biólogos, cuatro arquitectos y un sacerdote, decidió que la única manera de resguardar a la población era evacuando la ciudad. La elección del nuevo destino se realizó estudiando las circunstancias que desencadenaron la epidemia. No hubo ninguna duda al respecto: su futuro hogar estaría poblado por majestuosas palomas. 

NiñoCactus

sábado, 26 de abril de 2014

Augurios

Exposición en la Sala Unamuno de Salamanca organizada por Zinc Espacio Emergente en la que puse palabras a unas inspiradoras imágenes de Sandra García.




Figuras serenas, contemplativas, esperando echar raíces, si quieres que alguna crezca en tu casa escribe aquí: sandra@sandragarcia.es
 
Sandra y NiñoCactus

domingo, 20 de abril de 2014

Vida de pueblo

Del tortazo, se me cayeron las galletas.
—¡Al menos no te vio el abuelo! Menuda decepción enterarse de que su nieto es incapaz de ayunar el Viernes Santo.
Poco más tarde, mi abuelo entró a hurtadillas en la habitación con dos magdalenas.
—Pero que no se entere ella...

NiñoCactus

lunes, 6 de enero de 2014

Siete segundos (¡Siete años de blog!)

 
De pequeño, Sergio pasaba tardes enteras mirando el reloj de pared colgado en el salón de sus abuelos. Le hipnotizaba el movimiento de su péndulo, y acababa acompasando el tic-tac de aquel mecanismo con el latir de su corazón.
 —Abuelo, ¿se puede parar el tiempo? —preguntaba al acercarse la hora de marchar.
 —El tiempo no se detiene nunca. Algunos consiguen transformarlo, pero la mayoría de la veces es él quien nos cambia a nosotros.
A pesar de la respuesta, Sergio seguía mirando fijamente el segundero, y se concentraba para tratar de frenar su curso. Una tarde puso tanto empeño que logró hacer retroceder la aguja siete segundos. El niño gritó de alegría, sin embargo nadie pareció darse cuenta de su éxito.
Un día, años después de olvidar aquel anhelo infantil, volvió a fijarse en el reloj. Ya nadie le daba cuerda y el segundero permanecía inmóvil. Estaba tan lleno de polvo que, al ponerlo de nuevo en marcha, le hizo estornudar.
Entonces, recordó las palabras de su abuelo: «Algunos consiguen transformarlo». El tiempo, él pintaría el tiempo de colores.
Sus amigos se rieron ante semejante idea.
—¿Pintar el tiempo de colores? —le dijeron—. Menuda tontería, si no se ve.
Y Sergio, moteando de amarillo las horas más oscuras de la noche, coloreando de rojo los días más fríos del invierno, y tiñendo de violeta los atardeceres, susurraba a su pincel.
—No se ve, pero se siente.

NiñoCactus


¡Un año más!  
Y seguimos disfrutando de compartir cuentos.
¡GRACIAS POR ESTAR!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El «matacabras»

Cuando había viento del norte, los oídos dolían al entrar las palabras congeladas. Por eso la gente de la montaña prefería callar. Si soplaba el «matacabras», era mejor guardar los termómetros, o no volverían a subir; las gallinas ponían huevos vacíos porque no tenían calor suficiente para empollarlos; y el suelo se cerraba resguardando las semillas, que crecían hacia dentro. A veces, semanas después, se podía encontrar una flor oculta al remover la tierra. Entonces, se olvidaban los días silenciosos.

NiñoCactus

Lo que desees

—Papá, ¿tú no tienes frío?
El viento se cuela por la ventana que no ajusta, y en la chimenea solo arde un pequeño tronco.
—¡Ve a por el gorro y los guantes! —propone el padre—. ¡Vamos a fabricar nieve!
—¿Nieve? ¿Dentro de casa?
—¡Claro! Aprovecharemos el aire helado.
El niño abre los ojos como platos y corre escaleras arriba. Cuando vuelve, hay un barreño lleno de espuma en mitad de la sala.
—¡Eso es jabón! —protesta el muchacho.
—No —responde su padre­—, el frío es eso: frío. Pero esto, esto será lo que nosotros queramos.

NiñoCactus

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sin palabras

Nunca recordaba lo que no se debía contar. Por ello Marta enmudeció, para escaparse de las regañinas de su madre. Al principio le costó un esfuerzo enorme, incluso tenía que morderse la lengua para evitar decir algo indebido; pero, con el tiempo, de tanto callar, hasta se olvidó de cómo se hablaba.
Marta comenzó a recortar palabras del periódico. Las guardaba en una cajita de madera lacada, y las repartía para expresar sus sentimientos. A fuerza de no usarlas, a veces confundía su significado. A mí me regaló “ráfaga” y “escalera”. Y un día, después de mucho rebuscar, hizo llover todos aquellos papelitos sobre mi cabeza
NiñoCactus

jueves, 10 de octubre de 2013

La importancia de una cama

Ésta es la historia de una cama insomne que provocaba desvelos a quienes se acostaban en ella. Debido a esto tuvieron que venderla de saldo, y acabó en manos de un joven estudiante, el cual se pasó varias noches seguidas dando vueltas y pensando, pensando y dando vueltas. Tanto reflexionó que acabó teniendo ideas e, ingenuo de él, comenzó a decirlas en público. 
Las Autoridades, asustadas ante sus proclamas llenas de lucidez, decidieron confiscarle la cama y, para no provocar airadas protestas, le proporcionaron otra dos veces más grande, mullida y especialmente dormilona

NiñoCactus

miércoles, 9 de octubre de 2013

Las pequeñas guerras

Había una vez una guerra a la que castigaron después de clase, por jugar a urdir tratados de paz en el recreo.
—¡Nunca hace las divisiones! —gritó crispada la batalla de Matemáticas durante la reunión extraordinaria de profesores.
—¡Se le olvidan las fronteras de los mapas! —exclamó el combate de Geografía.
—Carece de espíritu competitivo —reprobó el asalto de Educación Física, mesándose las barbas.
—No hay duda —concluyó la anciana directora ofensiva—: Hemos perdido otra pequeña guerra.
Y algunos podrían añadir que esbozó una sonrisa serena mientras lo decía, cansada ya de tanta lucha.

NiñoCactus

viernes, 13 de septiembre de 2013

La mirada indiscreta de los girasoles

Lo comprendí aquella tarde caminando juntos; atravesando choperas, labrantíos de trigo recién segados, y aquel campo de girasoles que fue volviendo cada flor a nuestro paso.
Ahora ya sé por qué las moras maduran entre tus manos.

NiñoCactus

jueves, 6 de junio de 2013

Era un niño que soñaba...


Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Era un caballo anhelando
llegar a trote hasta el sol.
El sol deseaba estrellas,
las estrellas ser canción,
la canción ser una nana,
la nana al niño acunó.
Y era un niño que soñaba
un caballo de cartón.

NiñoCactus

Lluvias (micro tuneado)


Este "micro-infinito" lo realicé para el III Encuentro de microrrelatistas, y fue a parar a manos de Amparo Martínez. Aquí os dejo un vídeo chiquito grabado con el móvil.
La música es de Pascal Comelade.

NiñoCactus

Transformación

Pensaba que si la vida pudiese dar marcha atrás, si fuese posible cambiar los errores, todos nos convertiríamos en cangrejos. Él, decía, al menos lo había intentando, aunque tan solo se quedó en ermitaño.

NiñoCactus

jueves, 21 de marzo de 2013

La cena

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre, posado como un jilguero sobre una suerte de trapecio, araña el silencio. Todos me miran nerviosos, sin atreverse a comenzar la cena.
Finalmente, el abuelo, quien observa cada plato con desconcertante estrabismo, lanza su larga lengua hacia la fuente de langostinos. Le sigue la madre, desencajándose la mandíbula para dejar paso al pavo relleno, aún sin trinchar. En otro extremo de la mesa, el hermano mayor roe un poco de queso.
Entonces, mi novia, sonriéndome, comienza a rumiar su plato de brotes de alfalfa, y yo, un poco menos tenso, saco mi estómago y lo coloco sobre el cuenco de alitas de pollo.
NiñoCactus