viernes, 12 de junio de 2009

Lluvias


Llovía afuera y yo sin paraguas.
Llovía adentro y yo sin ti.


NiñoCactus


Dibujo de Citlalinushka
(Maga de la imaginación)

jueves, 11 de junio de 2009

La Canción de Aleksandar

El día que el abuelo Rodion me regaló su trompeta me dijo que no había nada que fuese imposible.

- No lo olvides, Aleksandar: si lo deseas con fuerza, podrás, incluso, cambiar el mundo.

Yo no sabía qué hacer con una trompeta que no podía tocar. Y tampoco por qué tenía que desear que el mundo fuera diferente. Así que decidí aprender música.

Tenía tantas ganas de arrancar una canción al viejo instrumento, como de hacerme mayor. Pero mi impaciencia se vio contenida por la tranquilidad del profesor Kilar, que andaba, hablaba y pensaba con la velocidad de una tortuga milenaria.

Lo primero que hizo, cuando nos conocimos, fue sonreír. Luego, me midió los dedos comparándolos con los suyos ya arrugados. Y, por último, me hizo una señal para que lo siguiese, y caminó hacia la sala de estudio.

-Todo en ti es ritmo, Aleksandar: los latidos de tu corazón, tu forma de caminar, cada bocanada de aire que tomas al respirar... Llevas una canción dentro de ti. Tienes que encontrarla y dejar que brote.

Al principio, pensé que era yo el que estaba desafinado, y apretaba los dientes al escuchar los chirridos que producía.

-Sólo quiero tocar una nota bien -pedía cada noche al acostarme-, sólo una.

Una mañana salieron tres de golpe. La música comenzaba a nacer.

En ese momento comprendí lo que me dijo mi abuelo: que no había nada que no pudiese alcanzar. Pero, por desgracia, también descubrí que, a veces, a uno le gustaría que el mundo fuese distinto. Una tarde, dos chicos del barrio me robaron y me dieron una paliza. Toda mi rabia se ahogó entre mis lágrimas. Sentí vergüenza por no haber podido defenderme.

Algo se me rompió por dentro, y no me dejaba dormir por las noches. Me daba pánico la oscuridad. Fue la música la que, poco a poco, fue actuando como un bálsamo. Las notas me envolvían como un abrazo, y me hacían olvidar lo sucedido. El mundo, mi pequeño mundo, volvía a ser como antes.

El problema era que el mundo, el grande, había empezado a volverse loco. Un día estalló la guerra, y todo cambió.

El ruido llenaba la ciudad, y de no haber sabido cómo eran las cosas antes de aquellos días, habría pensado que no se podía hacer nada.

En medio de aquel alboroto encontré la canción que se escondía dentro de mí. Mi canción era una música más fuerte que el ruido de la guerra. Una canción que creía que no había nada inalcanzable y que otro mundo era posible.

Empecé a tocar para las personas que estaban sufriendo a mi alrededor. Sólo quería aliviar su tristeza. Gracias a mi trompeta sonreían de nuevo, y yo sentía que ganaba una batalla. Y luego otra, y otra más...

Ésta es la historia chiquita de mi canción. Ésa que me regaló mi abuelo el mismo día que me entregó su vieja trompeta.


NiñoCactus

jueves, 28 de mayo de 2009

Imaginarios (Historia mínima)

-¿Te acuerdas de mí?
-Perdone, estoy ocupado (sin quitar los ojos de lo que está haciendo). No deberían haberle dejado entrar. Pida hora a mi secretaria cuando salga.
-No te preocupes. Sólo será un segundo. Pensé que te gustaría hacer un refugio con las sillas y la cortina, y jugar a los cazadores de tigres.
-Pero..., ¿cómo sabe...? (Levanta la mirada. Silencio). ¿Simpli?
-Ahá
-Pero si eras mi amigo imaginario. Tú no existes... Nunca exististe. Además, eras un niño, no podías crecer.
-¿Por qué no? Crecí a tu lado y cambié igual que tú. Y hoy, de nuevo, sentí que necesitabas jugar, que te hacía falta un amigo.
(Sonríen. Se cierra el telón. Entre las cortinas aparecen los dos personajes agazapados).
-¡Mira, un tigre! –dispara con dos dedos-. ¡Pum, Pum!

NiñoCactus

domingo, 24 de mayo de 2009

La mirada

Entonces reconocí la mirada de la fotografía. Fue un instante, un pequeño destello, como una suerte de electricidad que hace que la bombilla vuelva a lucir unos segundos y después se pierde o se agota, no lo sé. Quizás es el pequeño filamento de la lamparilla el que se rompe. Es esa mirada, que ahora no soy capaz de recordar, la que me salva y me llena de un antiguo calor ya olvidado. Después, la persona que sostiene la imagen entre sus manos me pregunta: “¿Quién es? Vamos..., ¿es que no se acuerda de la abuela?”

NiñoCactus

domingo, 17 de mayo de 2009

A mi madre


Ella guarda la primavera en sus ojos. El resto del año reparte flores con la mirada.


NiñoCactus

Ilustración de Bakar

Un Niño de Mundo

A mi amigo Dani lo trasladan. Al principio la noticia no le gustó, pero como sus padres le han dicho que les podrá ayudar a elegir la nueva casa, ahora anda chuleando de que va a vivir en un castillo. Lo quiere con cinco torreones, el más grande para él, y un foso lleno de cocodrilos. Nos ha explicado que el puente levadizo tendrá mando a distancia como las puertas de los garajes. Pero a Toñete, que es el más culto del grupo porque siempre está leyendo, no le convence la idea. Él está muy puesto en el tema, hizo una colección por fascículos de caballeros medievales y nos contó que en el sótano de los castillos hay mazmorras llenas de ratas gigantes y de instrumentos de tortura que dan muy mal rollo. Vamos, que, puestos a escoger, se iría a un palacio sin dudarlo ni un segundo. Pero, como está ampliamente demostrado que se necesita sangre azul de la realeza para poder vivir en uno y la nuestra es roja vulgar, tampoco va a poder ser. Yo le dije que a mí me encantan las tiendas de campaña. Todos los veranos nos vamos quince días al campo y es muy divertido. Nos pasamos el día cantando y haciendo barquitos con la corteza de los árboles para luego echar carreras en el arroyo. Además, me dejan quedarme hasta más tarde por la noche y me dan una linterna para mí solo. Los campings son lo mejor.
Hace unos días en el recreo, mientras nos comíamos el bocata de media mañana, Javi le hizo una pregunta a Dani que ninguno se atrevía a pronunciar y que creó bastante tensión en el ambiente. ¿Está muy lejos la ciudad donde tendrá que trabajar tu mamá? Un poco, respondió. Y se nos puso a todos un nudo en el estómago que ya no había forma de terminarse el almuerzo. Igual es una ciudad con superhéroes, comentó Paula que es la única chica del grupo y tiene las mejores ideas. Pero como Toñete siempre se guarda alguno de sus datos super-documentados nos chafó la ilusión antes de que pudiese darle un muerdo a mi bocadillo de jamón con tomate, que, por cierto, es mi preferido. A veces me entran ganas de tenerle un poco de rencor. Encima estaba en lo cierto: todas las ciudades con superhéroes están en el extranjero. Y con nuestro vocabulario de inglés que no pasa de open the door y the cat is on the table, ya me dirás qué conversaciones vamos a tener con los niños de allí si no tienen gato.
Mi tío Manolo, que es el más increíble de todos los tíos del universo, me dice, cada vez que viene a cenar, que hay que ver otras ciudades, que hay que viajar y ser un hombre de mundo. Entonces busca en el bolsillo del pantalón y del fondo, justo donde siempre tengo una pelusa que no sé cómo ha llegado hasta ahí, saca una moneda de algún país lejano y me la da. Yo pienso que algún día iré a esos sitios donde ha estado él y las podré gastar todas. Así que por si acaso las voy guardando. Después me coge en sus rodillas y me cuenta en secreto sus aventuras. Yo me quedo mirándole con los ojos como platos. Al final me acaba repitiendo que sólo nos quedamos con lo que hayamos vivido, y asiento con la cabeza aunque no lo entiendo del todo.
Ya falta menos para el día de la mudanza. Se han comprado una casa normal, aunque más grande. Ya no tendrá que compartir cuarto con su hermano pequeño que le cogía los juguetes sin permiso y no le dejaba vivir. No es un castillo pero tiene un jardín enorme para jugar al fútbol.
Nosotros no queremos que se marche, pero nuestros padres nos han prohibido que se lo digamos para que no lo pase mal. Quieren que le demos ánimo. Le hemos prometido que vamos a ir a visitarle siempre que tengamos vacaciones y que cuando Javi tenga carné de conducir estaremos allí todos los días para jugar al fútbol en el jardín. Además, le hemos encargado una misión muy importante: tiene que conseguir el cromo cuarenta y nueve que aquí es imposible de encontrar y que seguro que allí sí que sale.
Cuando miro a Dani y me acuerdo de mi tío Manolo pienso en la suerte que tiene de empezar tan pronto a conocer otros lugares. Tendrá un mejor amigo en dos ciudades diferentes y no conozco a nadie así con su edad. Antes de que se vaya se lo voy a decir: sólo ocho años y ya vas a ser un niño de mundo. Mola.
NiñoCactus

sábado, 16 de mayo de 2009

Macarrones

-¿No le regalarías también el collar de macarrones? ¡Jo, mamá!, si era mi preferido. Lo llevaba siempre con esta camiseta. Pues ahora ya no me la pondré nunca jamás –gritó Marina enrabietada dando una patada en el suelo.
-Toma. Te quedará mejor con estos pendientes de cereza –le dice su madre.
La niña sonríe, los coge sin pensarlo dos veces y sale corriendo a la calle. Minutos más tarde, mientras escupe el hueso de la última fruta roja que le queda, ya se ha olvidado del collar.

NiñoCactus

Quizás

-¿No le regalarías también el collar?
-Veo que tienes buena memoria. Has enumerado, uno a uno, todos los regalos que te fui haciendo desde el día en que te conocí. Una cronología de presentes con los que te fui llenando sin darme cuenta de que, a la vez, te vaciaba de amor... Quizás ya es tarde. Quizás se nos olvidó prescindir del mundo para amarnos... (silencio largo, como de días eternos) ...quizás aún hay tiempo.

NiñoCactus

jueves, 7 de mayo de 2009

Canicas

Luego se fue corriendo como si no hubiera pasado nada, pero vaya caída más tonta que se dio el muy chulito. Con los aires con que se pavoneaba cada tarde delante del grupo de mi novia, y ellas embobadas con su camiseta de capitán del equipo de fútbol. Bah, seguro que ni se la quita para dormir. Tenías que haber visto cómo se reían hoy de él. Si hubiera mirado donde debía no le habría pasado eso. ¡Qué imbécil! Por cierto, hoy no podré jugar, he tenido que donar mis canicas para una buena causa.
NiñoCactus

jueves, 30 de abril de 2009

Lo Extraordinario

El día invitaba a pasear, a salir del encierro de la casa y disfrutar de la mañana limpia y soleada. El cielo estaba más azul que nunca, como un mar en calma de aguas transparentes.
Nadie se dio cuenta de la primera gota de agua, tampoco de la segunda. Sin embargo, la tercera fue a caer en mitad del cristal izquierdo de las gafas nuevas de la señora Josefa, quien miró hacia arriba buscando a algún malintencionado que se hubiese puesto a regar justo cuando ella pasaba. Lo extraño es que, en ese momento, se encontraba cruzando la calle por el paso de cebra.
Sin previo aviso comenzó a llover. La gente levantaba la vista buscando alguna nube, pero el cielo seguía igual de despejado que a primera hora. Tal fue el asombro generalizado que nadie aceleró el paso ni buscó cobijo en un portal cercano. No se abrió ni un solo paraguas ni se vio capucha alguna cubriendo una cabeza.
La lluvia mojaba las caras sorprendidas de los viandantes que se habían quedado parados en mitad de calles y plazas. Unos pocos sonreían, otros buscaban arco iris y los menos cerraban los ojos disfrutando del agua. Lentamente, un grupo de nubes fue apareciendo en lo alto y la gente, al verlas, comenzó a ceñirse las chaquetas, a subir los hombros y a huir de aquella lluvia normal.

NiñoCactus

lunes, 20 de abril de 2009

El hombre del saco

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños.

-Falta César –gritó Marta -. Se ha vuelto a esconder.

Todos corearon su risita traviesa y me miraron divertidos enfundados en sus pijamas. Pasamos más de una hora buscando al pequeño que siempre me exasperaba con sus constantes travesuras incitando al resto a portarse mal. Desde que llegó las cosas se habían descontrolado en el orfanato.

-Ya está, esta vez se lo ha llevado el Hombre del Saco –sentencié-. Será mejor que nos vayamos a dormir o volverá a por el resto. Ya es demasiado tarde.

Esa noche los rezos estuvieron dificultados por hipidos y sollozos. A mí también me costó dormir pensando en lo que había hecho. Pero, a partir de ahora, no habría más problemas de disciplina.


NiñoCactus

dibujo de Quique

jueves, 16 de abril de 2009

Cuentos de Terror

-¿Dónde está el perro? –vociferó mientras observaba las miradas sobrecogidas de los más pequeños. El callejón, mal iluminado, era el lugar idóneo para contar aquellas historias de miedo cada anochecer.
-Pero allí no había ningún perro –continuó-, eran los ladridos del viejo mastín que, atrapados entre los muros de la casona, seguían escuchándose en un eco eterno…
Maullidos de terror corearon el final. Después, uno tras otro, los gatos se dispersaron por los tejados de la ciudad.

NiñoCactus

sábado, 11 de abril de 2009

... Y ahora

En la puerta había una gorra negra, la misma que llevaba el día en que nos conocimos. La colgaba del picaporte del cuarto para que supiese que aguardaba dentro. Yo la miraba y sonreía, y no le hacía esperar. Luego perdió esa costumbre. Los años, poco a poco, nos fueron robando todo menos la esperanza... Ahora sonrío y siento que está al otro lado, aunque soy yo quien la deja en la manilla.

Niñocactus

martes, 31 de marzo de 2009

Bañeras

Esta vez va un encargo, un relato para poner una historia a una ilustración de Patri. Visto con retrospectiva, creo que los colores han influido en la temática y el dibujo en el desarrollo de la historia.

Esta es la ilustración y luego sigo con el relato...




Se acercó a la bañera con paso lento aunque seguro.


Abrió el grifo izquierdo, dejando que el líquido residual de las cañerías se vertiera por el sumidero. Cuando comenzó a salir vapor de agua giró el pomo derecho, dejando que el agua fría se mezclara con el caliente. A los pocos segundos metió la mano debajo del chorro y jugó con los mandos hasta que la temperatura le pareció adecuada.



La temperatura del agua es muy importante. Si el líquido tiene la temperatura adecuada, la sangre, al salir del cuerpo, no causa dolor.



Después puso el tapón en el desagüe cortando la huida del agua. Aprisionándolo y obligándolo a existir en el corto espacio de la bañera.


Se sentó sobre la tapa del inodoro a esperar. Relajada. Paciente.


Fijó su mirada en el grifo abierto de la bañera y fue observando cómo, centímetro a centímetro, el nivel de agua subía progresivamente. Comprobando como el líquido, al ir ascendiendo, cambiaba su percepción del blanco del falso mármol.



Finalmente el líquido subió todo lo que se podía subir y se desbordó. Primero cayó un breve chorro, derramado a modo de leve advertencia sobre lo que podía pasar a continuación. El aviso no fue oído y con el segundo chorro ya nunca dejó de caer agua sobre el piso.


Observó el agua en el suelo, espiando su franca huída sobre los verdes azulejos. Libre ya de las ataduras del recipiente que lo había atenazado.



Pocos minutos después salió del baño. Mojándose los pies descalzos en un agua tibia. No cerró el grifo al marcharse.


Tampoco recogió sus cosas ni dejó una nota escrita explicando su ausencia.


Simplemente, se marchó para no volver jamás.


Ning1

lunes, 30 de marzo de 2009

Afortunado en juego...

Cuentan las malas lenguas que Don Lope perdió a la tía Cristina en una partida de cartas. El refranero español y los efectos de dos botellas de vino y una de whisky fueron la causa de su desventura la noche en que apostó con su amigo Alfonso Velarde que quien perdiese la mano se quedaría con la muchacha. Aquella fue la primera vez que Lope Guzmán ganó sin hacer trampas.

NiñoCactus