La noche siguiente, cuando el pueblo despertó, se encontró con algo que no había visto jamás.
Había llegado un visitante.
El desconcierto inicial dio lugar a las más variadas interpretaciones. Hubo quién aseguró que su presencia era un mal presagio que, añadido a la desaparición de las estrellas, ocasionaría terribles desgracias sobre Volverin. Sin embargo y aunque las menos, hubo también voces que se levantaron en defensa de Ardexe. Gracias a ellas, convinieron en que le dejarían quedarse una semana en su compañía hasta ser capaces de descubrir sus intenciones.
Para el visitante aquella sugerencia fue de lo más satisfactoria, ya que, en realidad, él sólo pensaba pasar allí dos jornadas.
Esta primera noche trascurrió con normalidad, Ardexe aprendió las raras y nocturnas costumbres de Volverin y descubrió que, extrañamente, se sentía especialmente a gusto entre esas gentes. Aquella primera noche no sucedió nada extraordinario.
Parecía como si la visita del extraño no fuera a cambiar absolutamente nada. Sin embargo, la segunda noche, cuando el pueblo despertó después de que Ardexe hubiera dormido durante todo el día, Volverín descubrió un hecho sorprendente.
En el cielo había diez estrellas.