lunes, 18 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( VII )

La noche siguiente, cuando el pueblo despertó, se encontró con algo que no había visto jamás.

Había llegado un visitante.

El desconcierto inicial dio lugar a las más variadas interpretaciones. Hubo quién aseguró que su presencia era un mal presagio que, añadido a la desaparición de las estrellas, ocasionaría terribles desgracias sobre Volverin. Sin embargo y aunque las menos, hubo también voces que se levantaron en defensa de Ardexe. Gracias a ellas, convinieron en que le dejarían quedarse una semana en su compañía hasta ser capaces de descubrir sus intenciones.

Para el visitante aquella sugerencia fue de lo más satisfactoria, ya que, en realidad, él sólo pensaba pasar allí dos jornadas.

Esta primera noche trascurrió con normalidad, Ardexe aprendió las raras y nocturnas costumbres de Volverin y descubrió que, extrañamente, se sentía especialmente a gusto entre esas gentes. Aquella primera noche no sucedió nada extraordinario.

Parecía como si la visita del extraño no fuera a cambiar absolutamente nada. Sin embargo, la segunda noche, cuando el pueblo despertó después de que Ardexe hubiera dormido durante todo el día, Volverín descubrió un hecho sorprendente.

En el cielo había diez estrellas.

jueves, 14 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( VI )

Ardexe llegó a Vólverin a plena luz del día. Las calles estaban desiertas, las casas estaban cerradas, no había niños jugando. El único sonido que rompía con el silencio era, de vez en cuando, un ronquido lejano. Ardexe recorrió el pueblo de arriba abajo. Entró en el colegio y en la iglesia. Se asomó a las dos ventanas de una casa baja y llamó, sin éxito, a otra puerta. Todos dormían y nadie le contestó.

Ardexe, encogiendo los hombros, decidió que esa era el pueblo menos interesante de todos los que había conocido durante su larguísima existencia. Por eso, sin tan siquiera pasar los dos días de rigor, decidió seguir su camino.

Justo en cuando daba la espalda al pueblo y afrontaba de nuevo el camino, una voz le retuvo.

Lucas estaba plantado en mitad de la calle.

Lucas y Ardexe hablaron durante horas, para cuando empezó a anochecer y el niño tuvo que volver a casa para no ser descubierto, Ardexe ya sentía una curiosidad enorme por las gentes de aquel lugar. Por eso, decidió quedarse, dos jornadas, con aquellas gentes.

Así fue que Ardexe se vio obligado, por vez primera en toda su vida, a dormir durante el día y a vivir durante la noche.


martes, 12 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( V)

Lucas tenía un secreto. Era el único habitante de Vólverin que no dormía durante el día. Era perfectamente consciente de la prohibición y sin embargo siempre se levantaba antes del anochecer y, a hurtadillas, se asomaba por la rendija de su ventana.

Para poder ver la luz del sol.

Lucas amaba los colores vivos. El verde de los campos, el amarillo del trigo en verano y sobretodo el color de la piel de su madre a esa hora del día en que la rendija de la contraventana dejaba pasar un rayo de la luz del sol.

De tanto vivir durante el día, por la noche, claro, Lucas estaba agotado. El médico, completamente seguro, decía que era normal en un chico de su edad. Explicaba el color de su piel, mucho más moreno de lo habitual, como una anomalía rara, pero no preocupante.

Además, Lucas era el único habitante que miraba el camino que salía de Vólverin.

El resto de los habitantes se había acostumbrado ya a esa senda por la que nunca venía nadie, pero Lucas no.

Lucas, aunque no podría explicar el por qué, sabía que algún día vería una silueta recortándose contra el horizonte.

viernes, 8 de febrero de 2008

Nueve estrellas (IV)

Salis era un pueblo muy tranquilo. Posiblemente el más tranquilo que jamás haya existido sobre la faz de la tierra. Allí no había alcalde ni fuerza de la ley. No existían normas ni castigos por incumplirlas. Sus habitantes habían aprendido a convivir siempre en paz. Ni siquiera existía el dinero. Salis era, para alguien como nosotros, algo casi inimaginable.

En realidad en Salis había una norma. Solamente una.

Estaba completamente prohibido viajar hasta Vólverin.

Afortunadamente, todo el que llegaba a Salis se veía inundado por su tranquilidad. Por eso, por la paz interior que lograban los visitantes, nunca nadie quería marchar.

Como nadie nunca quería marchar a Vólverin, con el tiempo, dejó de ser necesario avisar a los forasteros de la única norma de la ciudad. Ese fue el motivo por el que se descuidaron. Por eso cuando llegó una persona sin casa, ni dinero, ni oficio conocido, a nadie se le ocurrió contarle la verdad.

Por eso Andrexe, el hombre que devoraba estrellas, fue el primer y único hombre que anduvo el camino que unía Salis con un pueblo al que nadie había viajado nunca.



martes, 5 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( III )

Ardexe era el ser humano más anciano sobre la faz de la tierra. Acumulaba más de cien décadas sobre sus hombros. Sin embargo, su rostro no delataba más de cuarenta años. Por esta y otras razones era también el hombre más extraño. Ardexe no tenía casa, ni dinero, ni oficio conocido. Jamás había conocido el amor. Además parecía vivir del aire.

Ardexe no comía nunca.

Todas estas rarezas lo obligaban a viajar mucho. No le gustaba ser diferente y sólo podía ser confundido con una persona normal si estaba menos de tres días en un lugar. Por eso, durante la noche del segundo día, cuando nadie lo veía, recogía su exiguo equipaje y seguía su viaje.

Ardexe, llegaba y se marchaba siempre andando. Nunca utilizaba otro tipo de transporte. Le gustaba sentir que su vida avanzaba guiada únicamente por sus propios pies.

En realidad Ardexe no vivía del aire. Ardexe para poder sobrevivir tenía que devorar estrellas. Lo hacía mientras dormía. Las iba aspirando con su respiración rítmica, poquito a poquito. Pero eso nadie lo sabía.

Ni tan siquiera él.

lunes, 4 de febrero de 2008

Nueve estrellas (II)

En el pueblo de Vólverin no conocían la luz del sol.

Siempre se acostaban cuando empezaba a amanecer y se levantaban cuando el último rayo de luz ya había desaparecido. Ya nadie se acordaba muy bien de la razón que impulsaba tan extraño comportamiento, pero todos sabían que era su destino vivir así, que no podían romper con la costumbre. En Vólverin estaba completamente prohibido ver la luz del sol.

Por esta costumbre nocturna los habitantes de Vólverin eran los más afectados por la desaparición de las estrellas. Hacía mucho tiempo que la melancolía se había hecho la dueña de sus vidas. En Vólverin hacía meses que no se celebraba una fiesta, ni siquiera, como antaño, durante las noches de luna llena.

La otra rareza de este pueblo era que hasta él, nunca llegaba nadie.

Quizás fuera por eso, por no conocer a nadie del exterior, por lo que vivir de noche les parecía lo más normal del mundo.

En Vólverin los animales de compañía no eran perros sino topos y, en vez de canarios, guardaban pequeñas lechuzas en enormes jaulas de metal. Se cultivaban muchos cereales y campos de girasol, aunque nadie allí sabía que estos, durante el día, giraban su cuello siguiendo al sol.

O casi nadie.

viernes, 1 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( I )

Sólo quedaban nueve estrellas en el cielo.

Al resto las había ido devorando el tiempo. Una a una, como si alguien comiera una sopa de letras con un colador. Ahora solamente quedaba la noche, más oscura que nunca, y nueve pequeñas estrellas, solas en el fondo de un plato negro.

No había una estrella polar señalando el norte, ni constelaciones con forma de animales reales o mitológicos. Los astrólogos, habiendo perdido el zodíaco, habían aprendido a leer los posos del café.

Sólo restaban nueve estrellas en el cielo y cada vez alumbraban menos, aunque nadie sabía si era porque tenían miedo, o porque echaban de menos a sus compañeras.



(continuará)

martes, 29 de enero de 2008

¿Certeza o Esperanza?

No funcionó. De la misma manera que tampoco lo hizo ayer, ni antes de ayer, ni la semana pasada, ni hace dos meses... Sin embargo mañana..., sonrió, mañana funcionará.

Niñocactus

lunes, 28 de enero de 2008

Tiempo II

No funcionó. A pesar de poner todos los relojes en hora, de calibrar las sombras, de escribir las instrucciones con letra legible..., de nuevo, el tiempo, se atrasó diez minutos entre las cuatro y las cinco de la tarde. Será que se está haciendo mayor.

Niñocactus

Tiempo I

No funcionó. A pesar de quitar las pilas a todos los relojes, de apagar la luces, de minimizar las sombras e, incluso, de contener la respiración, el tiempo siguió su curso. Y aquel, que había sido el día más feliz de su vida, terminó.
Niñocactus

jueves, 17 de enero de 2008

Amores que matan

Tal vez sea mejor que se quede en casa. No es por el dinero, porque él puede pagar la residencia sin problema. Vamos, con lo que tiene, compraría una para él solo. Y, sí, ya sé que allí estaría mejor cuidado, que le darían una alimentación más adecuada, controlarían sus medicinas y podría vivir así unos cuantos años más. Pero, qué sé yo, es mi padre... Y, no es por el dinero, no, pero tampoco querríamos que se alargase su sufrimiento...
Niñocactus

lunes, 14 de enero de 2008

Cuento de Rebajas

El niño mira la gente que camina con prisa, los coches, los adornos de navidad que ya no están iluminados, sus zapatos nuevos... La madre mira el escaparate y olvida que tiene a su hijo agarrado de la mano, hace rápidos cálculos sobre los precios marcados y no recuerda lo que odiaba las matemáticas. Un angelote de sesenta y tres lamparillas mira al niño y éste le sostiene la mirada. Una de sus bombillas, exactamente la del ojo izquierdo, quiere hacerle un guiño. Busca por el entramado de cables restos de electricidad para concentrarla al menos un segundo. Finalmente la roba de un transformador cercano. El golpe de energía pone incandescente el filamento de tungsteno hasta que lo funde. El niño abre los ojos sorprendido, ha visto el gesto del ángel y aprieta la mano de su madre quien, mecánicamente, pone la otra encima de su cabeza sin hacerle más caso.
Niñocactus

miércoles, 9 de enero de 2008

Cosas de Niños

"Ni idea", responde el hombre mirando sonriente el trozo de plástico sobre el césped mojado.
"Mira, ahí hay otro". La mujer intenta mostrar su sorpresa pero su cara tampoco puede dejar de sonreír. "Juraría que son verduras", le dice.
El hombre trata de golpearse la frente, como si hubiese caído en la cuenta de algo, sin embargo su brazo asciende recto pasando por encima de la cabeza. "Cariño, acabo de recordar que venían empaquetadas con nosotros en la misma caja", le susurra antes de que el niño los recoja junto a las demás piezas.

Niñocactus

domingo, 6 de enero de 2008

Cumpleaños Feliz

Ya se han apagado las luces y comienza la canción. Es el momento de apagar las velas. Los deseos se agolpan en su mente, todos quieren ser el elegido. Empiezan a empujarse, a hacer señas, a subirse unos encima de otros, los que pueden hasta gritan... El niño los va descartando, tiene muy claro el que quiere. Es un deseo tímido, chiquito, uno que no hace apenas ruido y que alguna vez apareció en sus sueños. Casi al final lo encuentra, lo elige y, en un soplo, comienza a hacerlo realidad.

Niñocactus

martes, 1 de enero de 2008

Hombre para el lobo

El lobo alzó la cabeza y miró al cielo. Una luna completa comenzaba a asomar por el horizonte. Como cada veintiocho días, poseído por una maldición milenaria, el cuerpo del lobo comenzó a transformarse, paulatinamente, en el de un ser humano.

El resto de los componentes de la manada huyeron, horrorizados, del depredador.

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