lunes, 4 de febrero de 2008

Nueve estrellas (II)

En el pueblo de Vólverin no conocían la luz del sol.

Siempre se acostaban cuando empezaba a amanecer y se levantaban cuando el último rayo de luz ya había desaparecido. Ya nadie se acordaba muy bien de la razón que impulsaba tan extraño comportamiento, pero todos sabían que era su destino vivir así, que no podían romper con la costumbre. En Vólverin estaba completamente prohibido ver la luz del sol.

Por esta costumbre nocturna los habitantes de Vólverin eran los más afectados por la desaparición de las estrellas. Hacía mucho tiempo que la melancolía se había hecho la dueña de sus vidas. En Vólverin hacía meses que no se celebraba una fiesta, ni siquiera, como antaño, durante las noches de luna llena.

La otra rareza de este pueblo era que hasta él, nunca llegaba nadie.

Quizás fuera por eso, por no conocer a nadie del exterior, por lo que vivir de noche les parecía lo más normal del mundo.

En Vólverin los animales de compañía no eran perros sino topos y, en vez de canarios, guardaban pequeñas lechuzas en enormes jaulas de metal. Se cultivaban muchos cereales y campos de girasol, aunque nadie allí sabía que estos, durante el día, giraban su cuello siguiendo al sol.

O casi nadie.

viernes, 1 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( I )

Sólo quedaban nueve estrellas en el cielo.

Al resto las había ido devorando el tiempo. Una a una, como si alguien comiera una sopa de letras con un colador. Ahora solamente quedaba la noche, más oscura que nunca, y nueve pequeñas estrellas, solas en el fondo de un plato negro.

No había una estrella polar señalando el norte, ni constelaciones con forma de animales reales o mitológicos. Los astrólogos, habiendo perdido el zodíaco, habían aprendido a leer los posos del café.

Sólo restaban nueve estrellas en el cielo y cada vez alumbraban menos, aunque nadie sabía si era porque tenían miedo, o porque echaban de menos a sus compañeras.



(continuará)

martes, 29 de enero de 2008

¿Certeza o Esperanza?

No funcionó. De la misma manera que tampoco lo hizo ayer, ni antes de ayer, ni la semana pasada, ni hace dos meses... Sin embargo mañana..., sonrió, mañana funcionará.

Niñocactus

lunes, 28 de enero de 2008

Tiempo II

No funcionó. A pesar de poner todos los relojes en hora, de calibrar las sombras, de escribir las instrucciones con letra legible..., de nuevo, el tiempo, se atrasó diez minutos entre las cuatro y las cinco de la tarde. Será que se está haciendo mayor.

Niñocactus

Tiempo I

No funcionó. A pesar de quitar las pilas a todos los relojes, de apagar la luces, de minimizar las sombras e, incluso, de contener la respiración, el tiempo siguió su curso. Y aquel, que había sido el día más feliz de su vida, terminó.
Niñocactus

jueves, 17 de enero de 2008

Amores que matan

Tal vez sea mejor que se quede en casa. No es por el dinero, porque él puede pagar la residencia sin problema. Vamos, con lo que tiene, compraría una para él solo. Y, sí, ya sé que allí estaría mejor cuidado, que le darían una alimentación más adecuada, controlarían sus medicinas y podría vivir así unos cuantos años más. Pero, qué sé yo, es mi padre... Y, no es por el dinero, no, pero tampoco querríamos que se alargase su sufrimiento...
Niñocactus

lunes, 14 de enero de 2008

Cuento de Rebajas

El niño mira la gente que camina con prisa, los coches, los adornos de navidad que ya no están iluminados, sus zapatos nuevos... La madre mira el escaparate y olvida que tiene a su hijo agarrado de la mano, hace rápidos cálculos sobre los precios marcados y no recuerda lo que odiaba las matemáticas. Un angelote de sesenta y tres lamparillas mira al niño y éste le sostiene la mirada. Una de sus bombillas, exactamente la del ojo izquierdo, quiere hacerle un guiño. Busca por el entramado de cables restos de electricidad para concentrarla al menos un segundo. Finalmente la roba de un transformador cercano. El golpe de energía pone incandescente el filamento de tungsteno hasta que lo funde. El niño abre los ojos sorprendido, ha visto el gesto del ángel y aprieta la mano de su madre quien, mecánicamente, pone la otra encima de su cabeza sin hacerle más caso.
Niñocactus

miércoles, 9 de enero de 2008

Cosas de Niños

"Ni idea", responde el hombre mirando sonriente el trozo de plástico sobre el césped mojado.
"Mira, ahí hay otro". La mujer intenta mostrar su sorpresa pero su cara tampoco puede dejar de sonreír. "Juraría que son verduras", le dice.
El hombre trata de golpearse la frente, como si hubiese caído en la cuenta de algo, sin embargo su brazo asciende recto pasando por encima de la cabeza. "Cariño, acabo de recordar que venían empaquetadas con nosotros en la misma caja", le susurra antes de que el niño los recoja junto a las demás piezas.

Niñocactus

domingo, 6 de enero de 2008

Cumpleaños Feliz

Ya se han apagado las luces y comienza la canción. Es el momento de apagar las velas. Los deseos se agolpan en su mente, todos quieren ser el elegido. Empiezan a empujarse, a hacer señas, a subirse unos encima de otros, los que pueden hasta gritan... El niño los va descartando, tiene muy claro el que quiere. Es un deseo tímido, chiquito, uno que no hace apenas ruido y que alguna vez apareció en sus sueños. Casi al final lo encuentra, lo elige y, en un soplo, comienza a hacerlo realidad.

Niñocactus

martes, 1 de enero de 2008

Hombre para el lobo

El lobo alzó la cabeza y miró al cielo. Una luna completa comenzaba a asomar por el horizonte. Como cada veintiocho días, poseído por una maldición milenaria, el cuerpo del lobo comenzó a transformarse, paulatinamente, en el de un ser humano.

El resto de los componentes de la manada huyeron, horrorizados, del depredador.

Ning1

viernes, 21 de diciembre de 2007

Feliz Navidad

El carpintero, días antes del edicto, construyó una hermosa cuna. Grabó una estrella en la cabecera y un pequeño burro a los pies.
Momentos antes del parto, mientras calzaba el pesebre y lijaba sus ásperos bordes, sonrió al escuchar los rebuznos.
Niñocactus

martes, 18 de diciembre de 2007

No soy moderno

Suelo caminar con las manos en los bolsillos y los ojos directamente clavados en el suelo. La “toma de tierra” que dice mi hermana. Hoy, de reojillo, he comenzado por mirar a los lados y un poco al frente. Me he quedado sorprendido y, con una duda acelerando mis pasos, he salido corriendo hacia casa. Una vez conectado a Internet y tecleando página tras página encontré la respuesta. Estoy descatalogado.

Niñocactus

martes, 4 de diciembre de 2007

Viajes Pendientes

Aquella mañana le sorprendió de nuevo el ruido de la estación. Llevaba diez años viviendo en la misma casa y ya, durante el primero, había dejado de oír los trenes. Bajó las escaleras de dos en dos con la curiosidad despabilándole las legañas. Quería ver a los pasajeros. "¿Quién sabe?", pensó.

Al llegar, el andén estaba vacío; sólo una mujer, arrugada por la edad, permanecía sentada en uno de los bancos de hierro. "El tren de las 8,15 se suprimió hace algo más de tres años", le indicó extrañado el empleado de información. No pudo evitar reírse con ganas mientras salía por la puerta. "La pequeña aventura del día", se dijo.

A la mañana siguiente le despertó de nuevo el traqueteo del ferrocarril. Miró el reloj: las 8,15 h. Compró un café para llevar en la cafetería de la estación y caminó hacia las vías mientras daba pequeños sorbos. En el mismo banco, la misma mujer y la misma postura. Parecía una de esas estatuas de bronce. Se acercó para preguntarle si necesitaba algo. Ella le sonrió y le hizo un ademán para que se sentase a su lado. Cuando lo hizo le explicó que llevaba años yendo cada mañana para coger ese tren. Años pensando en escapar de su vida, de su marido, del alcohol y las palizas. Pero cada día veía cómo se marchaba y, con él, un pedazo de sus sueños e ilusiones.

"Y ahora ya ve, mi marido ha muerto y me gusta venir para recordar el lugar donde dejé marchar mi vida tren tras tren. ¿Quién sabe? Quizás algún día me decida a ir allá donde acabaron mis esperanzas, al otro lado de estos raíles..." Mientras hablaba sacó del bolso un papel amarillento en el que apenas se podía leer ya la tinta. "Una vez hasta me atreví a comprar un pasaje, fíjese. Pero en el último momento..." Él lo cogió entre sus manos. "Tal vez este billete aún le sirva. Quizás aún conserve la fuerza que la movió a comprarlo."

"Tal vez...", respondió.

Esa noche apenas pudo dormir y llegó antes de tiempo a la estación. Compró dos cafés y se dirigió al banco en busca de la mujer. No estaba allí. Se sentó pensativo. Al rato, el chirrido de unos vagones que comenzaban a moverse le sacó de su ensimismamiento. Eran las 8,15 h. Se puso de pie y agitó la mano despidiéndose.


Niñocactus

Sin título

Al caer cada noche, a esa hora en que las estrellas menos tímidas coquetean con los últimos rayos de sol, ella bailaba frente a los escaparates de unos grandes almacenes. Aprovechaba el reflejo que el cristal le regalaba para observarse y disfrutar de la belleza que su cuerpo creaba.

Bailaba con toda su alma y con cada rincón de su cuerpo. Desde sus pies hasta sus párpados. Todo en ella servía para tejer su danza.

Nunca utilizaba música, sólo la que sonaba en su cabeza. Una melodía invisible para todos menos para ella. Quizás por eso nadie se paraba nunca a verla.

Dentro, los maniquíes, dejaban caer las lágrimas.


lunes, 3 de diciembre de 2007

Sed de Besos

Ayer le di un beso a una boca de riego.

Niñocactus