jueves, 17 de enero de 2008

Amores que matan

Tal vez sea mejor que se quede en casa. No es por el dinero, porque él puede pagar la residencia sin problema. Vamos, con lo que tiene, compraría una para él solo. Y, sí, ya sé que allí estaría mejor cuidado, que le darían una alimentación más adecuada, controlarían sus medicinas y podría vivir así unos cuantos años más. Pero, qué sé yo, es mi padre... Y, no es por el dinero, no, pero tampoco querríamos que se alargase su sufrimiento...
Niñocactus

lunes, 14 de enero de 2008

Cuento de Rebajas

El niño mira la gente que camina con prisa, los coches, los adornos de navidad que ya no están iluminados, sus zapatos nuevos... La madre mira el escaparate y olvida que tiene a su hijo agarrado de la mano, hace rápidos cálculos sobre los precios marcados y no recuerda lo que odiaba las matemáticas. Un angelote de sesenta y tres lamparillas mira al niño y éste le sostiene la mirada. Una de sus bombillas, exactamente la del ojo izquierdo, quiere hacerle un guiño. Busca por el entramado de cables restos de electricidad para concentrarla al menos un segundo. Finalmente la roba de un transformador cercano. El golpe de energía pone incandescente el filamento de tungsteno hasta que lo funde. El niño abre los ojos sorprendido, ha visto el gesto del ángel y aprieta la mano de su madre quien, mecánicamente, pone la otra encima de su cabeza sin hacerle más caso.
Niñocactus

miércoles, 9 de enero de 2008

Cosas de Niños

"Ni idea", responde el hombre mirando sonriente el trozo de plástico sobre el césped mojado.
"Mira, ahí hay otro". La mujer intenta mostrar su sorpresa pero su cara tampoco puede dejar de sonreír. "Juraría que son verduras", le dice.
El hombre trata de golpearse la frente, como si hubiese caído en la cuenta de algo, sin embargo su brazo asciende recto pasando por encima de la cabeza. "Cariño, acabo de recordar que venían empaquetadas con nosotros en la misma caja", le susurra antes de que el niño los recoja junto a las demás piezas.

Niñocactus

domingo, 6 de enero de 2008

Cumpleaños Feliz

Ya se han apagado las luces y comienza la canción. Es el momento de apagar las velas. Los deseos se agolpan en su mente, todos quieren ser el elegido. Empiezan a empujarse, a hacer señas, a subirse unos encima de otros, los que pueden hasta gritan... El niño los va descartando, tiene muy claro el que quiere. Es un deseo tímido, chiquito, uno que no hace apenas ruido y que alguna vez apareció en sus sueños. Casi al final lo encuentra, lo elige y, en un soplo, comienza a hacerlo realidad.

Niñocactus

martes, 1 de enero de 2008

Hombre para el lobo

El lobo alzó la cabeza y miró al cielo. Una luna completa comenzaba a asomar por el horizonte. Como cada veintiocho días, poseído por una maldición milenaria, el cuerpo del lobo comenzó a transformarse, paulatinamente, en el de un ser humano.

El resto de los componentes de la manada huyeron, horrorizados, del depredador.

Ning1

viernes, 21 de diciembre de 2007

Feliz Navidad

El carpintero, días antes del edicto, construyó una hermosa cuna. Grabó una estrella en la cabecera y un pequeño burro a los pies.
Momentos antes del parto, mientras calzaba el pesebre y lijaba sus ásperos bordes, sonrió al escuchar los rebuznos.
Niñocactus

martes, 18 de diciembre de 2007

No soy moderno

Suelo caminar con las manos en los bolsillos y los ojos directamente clavados en el suelo. La “toma de tierra” que dice mi hermana. Hoy, de reojillo, he comenzado por mirar a los lados y un poco al frente. Me he quedado sorprendido y, con una duda acelerando mis pasos, he salido corriendo hacia casa. Una vez conectado a Internet y tecleando página tras página encontré la respuesta. Estoy descatalogado.

Niñocactus

martes, 4 de diciembre de 2007

Viajes Pendientes

Aquella mañana le sorprendió de nuevo el ruido de la estación. Llevaba diez años viviendo en la misma casa y ya, durante el primero, había dejado de oír los trenes. Bajó las escaleras de dos en dos con la curiosidad despabilándole las legañas. Quería ver a los pasajeros. "¿Quién sabe?", pensó.

Al llegar, el andén estaba vacío; sólo una mujer, arrugada por la edad, permanecía sentada en uno de los bancos de hierro. "El tren de las 8,15 se suprimió hace algo más de tres años", le indicó extrañado el empleado de información. No pudo evitar reírse con ganas mientras salía por la puerta. "La pequeña aventura del día", se dijo.

A la mañana siguiente le despertó de nuevo el traqueteo del ferrocarril. Miró el reloj: las 8,15 h. Compró un café para llevar en la cafetería de la estación y caminó hacia las vías mientras daba pequeños sorbos. En el mismo banco, la misma mujer y la misma postura. Parecía una de esas estatuas de bronce. Se acercó para preguntarle si necesitaba algo. Ella le sonrió y le hizo un ademán para que se sentase a su lado. Cuando lo hizo le explicó que llevaba años yendo cada mañana para coger ese tren. Años pensando en escapar de su vida, de su marido, del alcohol y las palizas. Pero cada día veía cómo se marchaba y, con él, un pedazo de sus sueños e ilusiones.

"Y ahora ya ve, mi marido ha muerto y me gusta venir para recordar el lugar donde dejé marchar mi vida tren tras tren. ¿Quién sabe? Quizás algún día me decida a ir allá donde acabaron mis esperanzas, al otro lado de estos raíles..." Mientras hablaba sacó del bolso un papel amarillento en el que apenas se podía leer ya la tinta. "Una vez hasta me atreví a comprar un pasaje, fíjese. Pero en el último momento..." Él lo cogió entre sus manos. "Tal vez este billete aún le sirva. Quizás aún conserve la fuerza que la movió a comprarlo."

"Tal vez...", respondió.

Esa noche apenas pudo dormir y llegó antes de tiempo a la estación. Compró dos cafés y se dirigió al banco en busca de la mujer. No estaba allí. Se sentó pensativo. Al rato, el chirrido de unos vagones que comenzaban a moverse le sacó de su ensimismamiento. Eran las 8,15 h. Se puso de pie y agitó la mano despidiéndose.


Niñocactus

Sin título

Al caer cada noche, a esa hora en que las estrellas menos tímidas coquetean con los últimos rayos de sol, ella bailaba frente a los escaparates de unos grandes almacenes. Aprovechaba el reflejo que el cristal le regalaba para observarse y disfrutar de la belleza que su cuerpo creaba.

Bailaba con toda su alma y con cada rincón de su cuerpo. Desde sus pies hasta sus párpados. Todo en ella servía para tejer su danza.

Nunca utilizaba música, sólo la que sonaba en su cabeza. Una melodía invisible para todos menos para ella. Quizás por eso nadie se paraba nunca a verla.

Dentro, los maniquíes, dejaban caer las lágrimas.


lunes, 3 de diciembre de 2007

Sed de Besos

Ayer le di un beso a una boca de riego.

Niñocactus

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Pepita

A sus setenta y siete años lo único que mantenía a Pepita atada a este mundo era espiar a sus vecinos.

Pepita era una mujer menuda, empequeñecida aún más por el peso de más de tres cuartos de siglo. Nunca había tenido hijos y hacía ya siete años que sus negras ropas delataban su viudedad. Desde entonces su único interés en la vida era comentar con las vecinas los cotilleos que ocurrían en el edificio.

Se aplicaba a esta afición con pasión. En una misma tarde podía comentar con una vecina que la hija del matrimonio del 1º se había colado, a hurtadillas, en casa de los Fernández, justo el fin de semana en que éstos habían dejado solo a su hijo. Con la estudiante que vivía de alquiler en el 3º B que Mauricio Martinez, el raro transportista, había tendido una semana atrás un tanga rosa en su balcón y con la limpiadora del 2º, que los recién casados del ático no parecían llevarse del todo bien.

Cotillear era lo único que mantenía a Pepita con ganas de vivir.

Dedicaba todo el día a observar a sus vecinos y por eso conocía, al dedillo, la vida de todos ellos. Lo sabía todo excepto una cosa. Había un enigma que aún no había conseguido descifrar: las misteriosas reuniones que a principios de cada mes se realizaban en la portería. Se producían siempre en la oscuridad, después de la media noche, y a ellas acudían, uno tras otro, todos los vecinos del edificio. Todos menos ella, que nunca había sido invitada.

Había un motivo por el que Pepita no era convocada. Cuando se juntaban en esas asambleas clandestinas los vecinos del inmueble decidían si Mauricio dejaría un nuevo tanga en el tendedero, si los recién casados serían más cariñosos entre sí y todos los nuevos chismes que durante ese mes representarían ante Pepita para mantenerla aferrada a la vida.

martes, 13 de noviembre de 2007

Cambio de eternidad

Sísifo ve caer la piedra y, de nuevo, se pone en camino sin dar reposo al cansancio, aunque esta vez continúa el ascenso. Aguarda la ira de los dioses por abandonar su castigo, pero nunca llega. Liberado de su propia carga no se detiene cuando alcanza la cima.

Niñocactus

miércoles, 7 de noviembre de 2007

La sombra de Zacarías


Cuando Zacarías descubrió que su sombra ya no le seguía ya era demasiado tarde. No se veía ni rastro de ella. Se quedó embobado unos cinco minutos, mirando al suelo asombrado. La verdad es que no tenía ni idea de cuanto tiempo hacía que no estaba. ¿Cinco minutos? ¿Quizás dos horas? La verdad es que nunca había dado mucha importancia al hecho de tener una sombra. Podrían ser tres meses perfectamente y no haberse dado cuenta hasta ese momento.

La realidad es que hacía ya dos días que había desaparecido.

Zacarías era un banquero de vida monótona y aburrida, de su casa al banco, del banco a casa. Su sombra estaba cansada de ser el reflejo de un hombre gris. Además nunca se había llevado bien con la sombra del maletín, tan solemne y aburrida o con la del sombrero de copa, estirada y pedante. Por eso, una mañana, cuando cogían un taxi decidió marcharse para siempre

Se pasó toda la mañana montada en el vehículo, Granada arriba y Granada abajo. La experiencia le sirvió para darse cuenta de qué es lo que quería hacer con su vida: Recorrer mundo. Por eso, a primera hora de la tarde, cuando el taxista acercó a un pasajero a la estación de tren decidió bajarse. Se montó en la sombra de un vagón que viajaba hasta París. Eligió ventanilla y dejó que los campos de centeno y trigo le acariciaran la nariz, rozó fugazmente el lomo de un gato que dormitaba en una estación y miró, impresionada, la enorme sombra de los Pirineos al atardecer. Al llegar la noche, como toda sombra, desapareció hasta el día siguiente.

Nunca se aburrió de la capital francesa. Callejeaba por las avenidas y se subía a los tejados a diario. Recorrió todos los cafés, habló de arquitectura con la sombra de la torre Eiffel y de arte con la del museo del Louvre.

Fue cuando ya llevaba tres años en París cuando se llevó la mayor sorpresa de toda su vida. Al dar la vuelta a una esquina se encontró, de sopetón con Zacarías.

Le costó bastante tiempo reconocerlo. Había cambiado mucho. Ya no llevaba esmoquin si no un jersey raído. En lugar de mocasines llevaba unas zapatillas naranjas y el estirado sombrero de copa había dado paso a una boina calada de medio lado.

Zacarías, aburrido, había abandonado la vida de banquero. Ahora se ganaba el sustento yendo de ciudad en ciudad, mostrándose como el único hombre del mundo que no tenía sombra. El encuentro los dejó a ambos completamente perplejos. Ninguno de los dos había pensado que allí, en París, pudieran volver a encontrarse.

Quizás fuera por eso por lo que, pasada la sorpresa inicial ambos decidieran, al unísono, mirar hacia otro lado y seguir con su camino.


martes, 6 de noviembre de 2007

Primer Amor

Tenía veinticinco años cuando encontró su primer amor. No es que no hubiese tenido otros antes pero como era incapaz de hallar al primero decidió empezar por el segundo. Después fueron pasando el tercero, el cuarto, el quinto, que casi no contó, el sexto y, por último aquel con el que debía haber comenzado. Lo supo de golpe y, aunque cerró la boca, las palabras se escaparon a borbotones por sus ojos. Así, inmóvil, recibió su primer beso con el corazón a punto de estallar.
Niñocactus

lunes, 5 de noviembre de 2007

101


Es la primera vez que aparece en este blog una entrada que no es un cuento o relato... Pero es que la ocasión lo pide, porque después de 10 mesecitos de blog…. ¡hemos llegado al cuento 101! . Muchas gracias a todos los que nos leéis o nos habéis leído alguna vez, a los que ponéis comentarios y sobre todo a niño cactus por acompañarme en este cuento de proyecto común.