jueves, 17 de enero de 2008
Amores que matan
lunes, 14 de enero de 2008
Cuento de Rebajas
miércoles, 9 de enero de 2008
Cosas de Niños
"Mira, ahí hay otro". La mujer intenta mostrar su sorpresa pero su cara tampoco puede dejar de sonreír. "Juraría que son verduras", le dice.
El hombre trata de golpearse la frente, como si hubiese caído en la cuenta de algo, sin embargo su brazo asciende recto pasando por encima de la cabeza. "Cariño, acabo de recordar que venían empaquetadas con nosotros en la misma caja", le susurra antes de que el niño los recoja junto a las demás piezas.
Niñocactus
domingo, 6 de enero de 2008
Cumpleaños Feliz
Niñocactus
martes, 1 de enero de 2008
Hombre para el lobo
El lobo alzó la cabeza y miró al cielo. Una luna completa comenzaba a asomar por el horizonte. Como cada veintiocho días, poseído por una maldición milenaria, el cuerpo del lobo comenzó a transformarse, paulatinamente, en el de un ser humano.
El resto de los componentes de la manada huyeron, horrorizados, del depredador.
Ning1viernes, 21 de diciembre de 2007
Feliz Navidad
martes, 18 de diciembre de 2007
No soy moderno
Niñocactus
martes, 4 de diciembre de 2007
Viajes Pendientes
Sin título
Al caer cada noche, a esa hora en que las estrellas menos tímidas coquetean con los últimos rayos de sol, ella bailaba frente a los escaparates de unos grandes almacenes. Aprovechaba el reflejo que el cristal le regalaba para observarse y disfrutar de la belleza que su cuerpo creaba.
Bailaba con toda su alma y con cada rincón de su cuerpo. Desde sus pies hasta sus párpados. Todo en ella servía para tejer su danza.
Nunca utilizaba música, sólo la que sonaba en su cabeza. Una melodía invisible para todos menos para ella. Quizás por eso nadie se paraba nunca a verla.
Dentro, los maniquíes, dejaban caer las lágrimas.
lunes, 3 de diciembre de 2007
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Pepita
A sus setenta y siete años lo único que mantenía a Pepita atada a este mundo era espiar a sus vecinos.
Pepita era una mujer menuda, empequeñecida aún más por el peso de más de tres cuartos de siglo. Nunca había tenido hijos y hacía ya siete años que sus negras ropas delataban su viudedad. Desde entonces su único interés en la vida era comentar con las vecinas los cotilleos que ocurrían en el edificio.
Se aplicaba a esta afición con pasión. En una misma tarde podía comentar con una vecina que la hija del matrimonio del 1º se había colado, a hurtadillas, en casa de los Fernández, justo el fin de semana en que éstos habían dejado solo a su hijo. Con la estudiante que vivía de alquiler en el 3º B que Mauricio Martinez, el raro transportista, había tendido una semana atrás un tanga rosa en su balcón y con la limpiadora del 2º, que los recién casados del ático no parecían llevarse del todo bien.
Cotillear era lo único que mantenía a Pepita con ganas de vivir.
Dedicaba todo el día a observar a sus vecinos y por eso conocía, al dedillo, la vida de todos ellos. Lo sabía todo excepto una cosa. Había un enigma que aún no había conseguido descifrar: las misteriosas reuniones que a principios de cada mes se realizaban en la portería. Se producían siempre en la oscuridad, después de la media noche, y a ellas acudían, uno tras otro, todos los vecinos del edificio. Todos menos ella, que nunca había sido invitada.
Había un motivo por el que Pepita no era convocada. Cuando se juntaban en esas asambleas clandestinas los vecinos del inmueble decidían si Mauricio dejaría un nuevo tanga en el tendedero, si los recién casados serían más cariñosos entre sí y todos los nuevos chismes que durante ese mes representarían ante Pepita para mantenerla aferrada a la vida.
martes, 13 de noviembre de 2007
Cambio de eternidad
Niñocactus
miércoles, 7 de noviembre de 2007
La sombra de Zacarías
Cuando Zacarías descubrió que su sombra ya no le seguía ya era demasiado tarde. No se veía ni rastro de ella. Se quedó embobado unos cinco minutos, mirando al suelo asombrado. La verdad es que no tenía ni idea de cuanto tiempo hacía que no estaba. ¿Cinco minutos? ¿Quizás dos horas? La verdad es que nunca había dado mucha importancia al hecho de tener una sombra. Podrían ser tres meses perfectamente y no haberse dado cuenta hasta ese momento.
La realidad es que hacía ya dos días que había desaparecido.
Zacarías era un banquero de vida monótona y aburrida, de su casa al banco, del banco a casa. Su sombra estaba cansada de ser el reflejo de un hombre gris. Además nunca se había llevado bien con la sombra del maletín, tan solemne y aburrida o con la del sombrero de copa, estirada y pedante. Por eso, una mañana, cuando cogían un taxi decidió marcharse para siempre
Se pasó toda la mañana montada en el vehículo, Granada arriba y Granada abajo. La experiencia le sirvió para darse cuenta de qué es lo que quería hacer con su vida: Recorrer mundo. Por eso, a primera hora de la tarde, cuando el taxista acercó a un pasajero a la estación de tren decidió bajarse. Se montó en la sombra de un vagón que viajaba hasta París. Eligió ventanilla y dejó que los campos de centeno y trigo le acariciaran la nariz, rozó fugazmente el lomo de un gato que dormitaba en una estación y miró, impresionada, la enorme sombra de los Pirineos al atardecer. Al llegar la noche, como toda sombra, desapareció hasta el día siguiente.
Nunca se aburrió de la capital francesa. Callejeaba por las avenidas y se subía a los tejados a diario. Recorrió todos los cafés, habló de arquitectura con la sombra de la torre Eiffel y de arte con la del museo del Louvre.
Fue cuando ya llevaba tres años en París cuando se llevó la mayor sorpresa de toda su vida. Al dar la vuelta a una esquina se encontró, de sopetón con Zacarías.
Le costó bastante tiempo reconocerlo. Había cambiado mucho. Ya no llevaba esmoquin si no un jersey raído. En lugar de mocasines llevaba unas zapatillas naranjas y el estirado sombrero de copa había dado paso a una boina calada de medio lado.
Zacarías, aburrido, había abandonado la vida de banquero. Ahora se ganaba el sustento yendo de ciudad en ciudad, mostrándose como el único hombre del mundo que no tenía sombra. El encuentro los dejó a ambos completamente perplejos. Ninguno de los dos había pensado que allí, en París, pudieran volver a encontrarse.
Quizás fuera por eso por lo que, pasada la sorpresa inicial ambos decidieran, al unísono, mirar hacia otro lado y seguir con su camino.
martes, 6 de noviembre de 2007
Primer Amor
lunes, 5 de noviembre de 2007
101
Es la primera vez que aparece en este blog una entrada que no es un cuento o relato... Pero es que la ocasión lo pide, porque después de 10 mesecitos de blog…. ¡hemos llegado al cuento 101! . Muchas gracias a todos los que nos leéis o nos habéis leído alguna vez, a los que ponéis comentarios y sobre todo a niño cactus por acompañarme en este cuento de proyecto común.