jueves, 12 de enero de 2012

El café

La última alma humana pidió un café en el bar de siempre. No había nadie más así que se lo sirvió ella misma. Luego se sentó en la mesita del rincón, donde cada tarde se veían antes de ir a trabajar. Una ráfaga de viento entreabrió la puerta a su espalda. No necesitó darse la vuelta para saber que no era él sin embargo le fue imposible evitar que un escalofrío le recorriese el cuerpo. Y tal vez en su imaginación, tal vez no, sintió un beso fugaz en la nuca mientras la cucharilla daba vueltas dentro de la taza.

NiñoCactus

Olvido

La última alma humana olvidó, por un instante, que estaba sola. Quizá fue el olor a azaleas colándose desde el jardín, o la luz del sol al entrar cálida por la ventana, o simplemente el deseo. Uno que, de puro intenso, se hizo real durante unos segundos. Lo suficiente para soportar seguir existiendo en aquella completa soledad.

NiñoCactus

viernes, 6 de enero de 2012

Cinco Lágrimas

Antonia nació sin llanto una mañana cuajada de rocío. Sus padres, preocupados, consultaron a diferentes doctores: Cómo iban a saber que le pasaba algo a su bebé si no podía llorar. Pese a las palabras tranquilizadoras dadas por unos y otros, decidieron acudir a un curandero, el cual entregó cinco lágrimas a la pequeña.
Antonia creció sabiendo que sólo poseía cinco gotas de agua salada en sus ojos. Le parecían tan importantes que no debía malgastarlas. Así pues decidió reservarlas para momentos realmente necesarios, y encaró la vida con una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando llegó al final de sus días aún no había derramado ninguna lágrima. Su última voluntad fue ir al mar. Una vez allí cerró los ojos para devolverle su valioso préstamo, el mismo que le había hecho vivir con tanta alegría.


NiñoCactus

Cumplimos cinco añitos y soplamos las velas con Aurora.
Gracias a todos por seguir pasando por aquí.

miércoles, 4 de enero de 2012

Nublado

La última alma humana permanecía detrás del cristal viendo llover.

–¡Vaya! –se dijo­–. Hace días que la ciudad amanece gris como si supiese que ya no estás.

Y las gotas de agua salpicaban la ventana desde dentro.

NiñoCactus

Adaptación

La última alma humana se inventaba amigas con quienes jugar. Como no le gustaba perder, resultaba complicado conservarlas. Por eso decidió que hacer trampas no era tan malo. Aunque las hacía de forma disimulada para que no se diesen cuenta.

NiñoCactus

lunes, 19 de diciembre de 2011

La felicidad entre las manos

–Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo. –Así es como Ernesto se imagina la felicidad: como algo tangible que se puede agarrar con las dos manos y, una vez aferrada, sólo se escapa si uno la suelta.

–¿Qué pasa, Ernesto? –le preguntan los del pueblo para burlarse­–. ¿Ya no dices nada? No será que la has encontrado.

Pero él no responde, hace tiempo que dejó de hacerlo. Ahora sonríe mientras mantiene siempre uno de sus puños cerrado.

Navidad y otros negocios

Centro Gestor de Fábricas de Juguetes. Sala de juntas.

-¡Una catástrofe! La venta de juguetes cayó estrepitosamente durante el primer semestre del año...

-...Y la Campaña de Navidad se presenta desoladora.

-Si al menos no hubieran vetado nuestras propuestas desde la Organización para el Control de la Natalidad, podríamos estar tomando medidas para resolver la crisis a medio plazo.

-Sí. Ya estoy harto de fomentar los celos mediante publicidad subliminal. Los resultados son mediocres...

-Augusto todavía tiene contactos...

-...Y nosotros una lista de matrimonios diana. (Acercándole la carpeta y el teléfono).

-Pero sabéis que no aceptarán. Estas parejas están a punto de divorciarse.

-Sin embargo ellos no lo saben. Hemos retrasado el envío de la información y no dispondrán de los datos hasta dentro de dos semanas.

-De acuerdo. Intentaré que les adjudiquen la partida de cigüeñas del lunes.

-Sonríe, hombre. Los niños te lo agradecerán. Tendrán el doble de regalos sin necesidad de esforzarse apenas.

NiñoCactus

jueves, 8 de diciembre de 2011

Conflicto de intereses


El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso. Como si fuese culpa mía no haber vuelto a casa de Esther. Desde entonces se obceca continuamente en dirigirse hacia allí. Patalea, se aferra a las baldosas y, al final, acabo sentado en la acera intentando hacerle entrar en razón.

Ayer no pude aguantarlo más. Le dejé hacer. Pensaba que ella se enfadaría al encontrarme sin embargo se abalanzó sobre mí y me besó desenfrenadamente, mientras su tacón hacía añicos mi empeine izquierdo.

Ahora no sé qué hacer. Mi pie no quiere volver a verla, pero mis labios se niegan a hablar si no es en su presencia.


NiñoCactus

Dibujo del soñador Juan Luis López

Sueños de neón

El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso desde que abandoné las clases de danza. En realidad no fue idea mía sino del profesor de la academia, quien me exhortó a no malgastar más el tiempo.

­–Pareces un trozo de plástico rígido ­­­–mascullaba al verme bailar.

Pero ante la insistencia de mi extremidad inferior, decidí buscar otro maestro capaz de sacar lo mejor de mí.

Hoy, tras años de preparación, presento mi espectáculo ante el gran público. Mi pie izquierdo comienza el número con movimientos elegantes y precisos que pronto arrancan los aplausos de los asistentes, mientras yo, inmóvil en una silla, intento no estorbar.
NiñoCactus

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sed de Besos

Un regalo de Aurora Ruá para uno de los micros antiguos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Y después?

El tío Argimiro siempre tenía una historia para contar. Había creado un mundo lleno de personajes increíbles y aventuras fantásticas que me relataba cuando mis padres me llevaban a verlo. Yo ponía todos los sentidos para no perderme ningún detalle e, invariablemente, me dejaba con la miel en los labios y un relato incompleto en el momento más emocionante. ¿Y después?, preguntaba yo. Después lo sabrás el próximo día, a ver si así no tardas tanto en volver, me contestaba.
Una tarde, al tío le dio un ataque de tos tan fuerte que le hizo marcharse al cuarto de baño, y desde allí a la habitación. Madre no me dejó entrar a despedirme así que cuando volvimos a hablar por teléfono fui directo al grano: ¿Y después? Una risa débil me contestó desde el otro lado del auricular.
No le molestes demasiado, me dijeron todos antes de entrar en la habitación de la clínica. Las palabras de tío Argimiro, pese a su a su falta de fuerza, seguían igual de hábiles para crear tramas sorprendentes. Necesitaba hacer muchas pausas y respirar dentro de una mascarilla con oxígeno, pero no le suponía un impedimento para continuar. Esta vez, cuando acabó, no me dejó abrir la boca. Respondió directamente. ¿Y después?, después no existió nada más.
NiñoCactus

viernes, 18 de noviembre de 2011

Memoria

Muerto pero mío, murmura mi tía-abuela Carmen observando una foto de su marido. Luego se acerca y me dice, con un cansancio de flores marchitas, que no tuvieron suficiente con robarles la vida, también les quitaron la muerte. Así dejaron de pasar los años para ella.

Una tarde me contó que estuvo frente a frente con la Parca. Hasta se atrevió a preguntarle dónde estaba Manuel, pero sólo obtuvo una mirada llena de tristeza. No me lleves, le dijo, no hasta que le encuentre. Y le enseñó sus dedos con las uñas rotas llenas de tierra.

Todavía no la ha vuelto a ver.

NiñoCactus

Azul

Muerto pero mío, rugió el océano con todas sus bocas llenas de espuma, antes de engullir el planeta abocado a su propia aniquilación.

NiñoCactus

domingo, 13 de noviembre de 2011

La despedida

Y nada más existió hasta el próximo tren...



Dicen en el pueblo que cuando les dieron a escoger entre el ferrocarril o el cinematógrafo no hubo duda: la única manera de que todos los habitantes de la villa tuviesen oportunidad de conocer mundo era la gran pantalla.

Martina, la hija del maestro, fue elegida como operadora. Nadie más tenía experiencia, y ella había asistido en varias ocasiones a las salas de la capital.

El sexto verano, durante el segundo pase de Los girasoles, el proyector se apagó para siempre. Martina fue incapaz de ver de nuevo a Mastroianni alejándose en aquel vagón.

Desde entonces, la han visto vagar por las tierras destinadas a la estación esperando un silbido de locomotora.

NiñoCactus

jueves, 10 de noviembre de 2011

Breves momentos encadenados

Y nada más existió hasta el próximo tren. Así era su vida, una sucesión de instantes habitados por impulsos que le arrebataban los sentidos.
De pronto, el universo entero se concentraba entre las alas de una mariposa. Todo cobraba un ritmo vertiginoso de volteretas y colores para, un segundo después, detenerse hasta el siguiente aleteo.
Si tenía hambre; ojos, olfato y manos se ponían en movimiento buscando algo que estallase en su paladar al ser saboreado.
Por eso a madre no le importaba desaparecer aquellos momentos. Esperaba tranquila, vigilándolo de cerca, pues sabía que cuando necesitase un abrazo, el mundo entero sería ella.


NiñoCactus