El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso desde que abandoné las clases de danza. En realidad no fue idea mía sino del profesor de la academia, quien me exhortó a no malgastar más el tiempo.
–Pareces un trozo de plástico rígido –mascullaba al verme bailar.
Pero ante la insistencia de mi extremidad inferior, decidí buscar otro maestro capaz de sacar lo mejor de mí.


Sueña el pez en su pecera,

