lunes, 7 de noviembre de 2011

Parole, parole, parole

-Bailas fenomenal –me dijo mientras mis pies pisaban los suyos por enésima vez-, y me encanta tu conversación. No eres como los demás chicos.
Intenté encontrar algunas palabras de agradecimiento pero sólo logré emitir un vergonzoso tartamudeo, similar al que me llevaba acompañando toda la noche.
-No sé –continúo-, además tu cara tiene algo especial... Tal vez esa preciosa sonrisa.
Casi de forma refleja, me llevé la mano a la boca para disimular el aparato de ortodoncia. Parecía fijarse únicamente en mis defectos y no hacía más que alabarme. Necesitaba una tregua de silencio, así que la besé.
-Te quiero –susurró antes de abrir los ojos.
Sentí que ya tenía suficientes mentiras y, recogiendo mi abrigo, salí del bar.

NiñoCactus

jueves, 3 de noviembre de 2011

El verdadero significado de las cosas

Como tantas veces había hecho de niño le di la vuelta a todo. Coloqué la cama de mesa y la maleta como asiento, empleé el lavabo de pecera y transformé las paredes en un lienzo gigante. Cacerolas y sartenes se convirtieron en instrumentos musicales, los árboles mudaron sus hojas por noticias de periódico, y mis pies trocaron en manos y mis manos corretearon por tu piel. Pues tú me descolocas llenándolo todo de sentido.




NiñoCactus

sábado, 29 de octubre de 2011

El pez y la Luna - Artistas con Corazón 2011



Mi pequeña aportación para el proyecto de Artistas con Corazón.


Sueña el pez en su pecera,

mirando al cielo estrellado,

poder ser luna lunera

nadando libre en lo alto.

De pronto se cumple el sueño

pues una estrella ha pasado.

Luna y pecera en el cielo,

pez en el mar anhelado.


NiñoCactus





martes, 25 de octubre de 2011

Revista Proscenio - Cuentos Menguantes



Cinco páginas de cuentos menguantes fueron incluidas en el último número de la revista Proscenio, editada por la Unión de actores de Castilla y León.
Mil gracias, Mada.

jueves, 20 de octubre de 2011

Su Mundo

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento. No sabía cómo explicarlo pero allá, en su interior, entre esas cuatro paredes, se encontraba el mundo, lleno de imágenes, de olores, de cosas vividas y por vivir. Y sin embargo, aquí fuera, todo se volvía extraño, asfixiante. Tenía la sensación de estar rodeada de mil barreras invisibles que le impedían moverse. Sólo hacía falta volver a cruzar el dintel para estar a salvo.
-Pero ese es tu mundo, no el mío –dijo por fin apretando los dientes mientras pulsaba el botón del ascensor.

NiñoCactus

domingo, 16 de octubre de 2011

Micronovela Cienmanos - Capítulo 3. El accidente


Tras la última clase de la tarde, Sebastián Laborda se dirigió a su despacho. En el claustro sólo se encontraban algunos de sus alumnos, y el bedel cerraría la Facultad en unos minutos. Aceleró el paso. No debía entretenerse. Había quedado con Emilio y sabía cuánto odiaba que se retrasase.
El escritorio estaba lleno de papeles por ordenar. Mañana me pongo a ello, pensó. Abrió el cajón inferior, cerrado con llave, y sacó un cuaderno destartalado. Las páginas, ya amarillas, estaban repletas de notas, tachones y, en demasiados puntos, emborronadas de forma que era imposible leerlas. Se trataba de un diario pero las fechas saltaban hacía delante y retrocedían de un modo imposible. ¿Qué te pasó Víctor? ¿Realmente te volviste loco, o descubriste algo? Sebastián se sorprendió pronunciando aquellas palabras en voz alta. Se había especializado en topología geométrica, y esos escritos encerraban un misterio o, más bien, una respuesta a muchas de sus dudas sobre la curvatura espacio-tiempo.
Los dedos del joven localizaron la hoja exacta. Conocían de memoria el viejo libro. Ahí estaba: 30 de octubre de 2011. Justo el día de hoy. Sin embargo no había anotaciones, sólo un treinta escrito con números y rodeado por un círculo rojo. A su lado había dibujado varios signos de exclamación. ¿Qué estaba a punto de ocurrir? ¿Qué viste profesor?
Sebastián miró la hora. Se había hecho más tarde de lo previsto. Volvió a guardar el cuaderno y salió a toda prisa. Por suerte, había encontrado aparcamiento frente a la puerta del edificio. Aceleró sin prestar atención a la señal de límite de velocidad. Entonces ocurrió: un fogonazo, el golpe. Había atropellado a alguien, o tal vez a algún animal.
Descendió del coche. Algunos de los transeúntes le miraron extrañados cuando se agachó y comenzó a buscar debajo del vehículo. No había nada, ni nadie, y sin embargo el parachoques estaba manchado con sangre.


NiñoCactus


Ilustración de Entintades


Sigue el resto de capítulos en Cienmanos

jueves, 13 de octubre de 2011

Estupidez Humana




Cuando observo a mi gato, siempre imagino que sería maravilloso vivir como uno de esos pequeños felinos.
Cuando mi gato me mira desde sus ojos verde mar, siempre piensa en lo maravilloso que es ser gato.


NiñoCactus


Ilustración por Juan Luis López Anaya

domingo, 9 de octubre de 2011

La incoherencia del amor

Hacía todo a medias: dejaba las frases sin terminar, se iba de los exámenes antes de acabarlos, abandonaba los trabajos sin conseguir completar ningún proyecto, y dicen que hasta miraba guiñando un ojo.
Pero a ella, la amó por completo.

NiñoCactus

domingo, 25 de septiembre de 2011

Venus

Parecía encontrarse en el borde mismo de la Tierra, a tan sólo un paso del planeta más cercano. Era la rara del grupo. Siempre ausente, en ese instante justo antes de la partida. Y eso, de alguna manera, reafirmaba su presencia.
Recuerdo el último día. Sus palabras desprendían un brillo intenso, casi cegaban. Olvidó su cuerpo, pálido y hermoso, en el quinto baño de los aseos del instituto. Allí la descubrí.
Por primera vez, la abracé.



NiñoCactus

jueves, 22 de septiembre de 2011

Lluvias


NiñoCactus
Ilustración de Aurora Rúa

lunes, 12 de septiembre de 2011

Juventud eterna

De alguna manera el Cielo se aleja. Como si de niños lo aferrásemos con nuestras manos y, llegados a una edad, lo soltamos dejándolo libre.
Mario no quiso. Lo agarró tan fuerte que sus ojos se llenaron de ángeles.

Yo sigo visitándolo. Siempre me regala pedazos de nube.

NiñoCactus

martes, 6 de septiembre de 2011

Madrastra

Ella ha pasado casi un año leyendo, cada noche, las historias de Blancanieves, La Cenicienta o Hansel y Gretel, bajo la fría mirada del pequeño.
Hoy el niño le entrega otro cuento: Pinocho.
Por primera vez, antes de acostarse, el espejo no responde ante sus lágrimas: “Tú, mi reina”.

NiñoCactus

martes, 30 de agosto de 2011

Ficción

La profesora pregunta por el animal con el cual nos identificamos. Mi imaginación vuela, como un pájaro, uno azul que se confunde con el cielo y así puede batir sus alas con extremada libertad, pues nadie lo ve. Está solo, confundiéndose con la inmensidad anhelada, hasta chocar contra una trampa.

Ricardo Pedrosa siempre me lee el pensamiento.

-Un gato -responde desde el asiento de atrás, mientras clava la punta de su zapato en mi espalda. Yo disimulo el gesto de dolor con resignada costumbre.

Entonces me toca a mí.

-Un leopardo -miento.

Y, a pesar del engaño, confío en que hoy la realidad del recreo cambie.


NiñoCactus

sábado, 20 de agosto de 2011

La zona

Desde aquel verano, las miradas de los vecinos se vuelven a diario hacia el lugar de los hechos. Algunos hasta se atreven a señalar pero nadie habla y, con los años, únicamente los mayores recuerdan lo sucedido. Yo sólo sé que de allí provienen mis peores pesadillas.

NiñoCactus

lunes, 1 de agosto de 2011

LOS CUENTOS DESDE EL JARDÍN I


Relato para leer y escuchar


Un regalo de
Mar que acaricia las palabras con su voz desde Los jardines de Puck.




Libertad

Llevaban tantos años atemorizados por aquel dictador, que cuando fue derrotado, tuvieron miedo de ser libres.

-La libertad corrompe –aseguraban unos.

-La libertad genera violencia –proclamaban otros.

Ante dicha situación, decidieron encomendar a alguien la labor de escribir nuevas leyes que mostrasen cómo actuar en cada momento y, a ser posible, diferentes a las anteriores para evitar el recuerdo de la opresión.

Nadie se atrevía a asumir semejante tarea. No querían ser acusados de estar creando un nuevo régimen autoritario y acabar desterrados por ello.

Finalmente, un hombre humilde, sin hogar, con una guitarra como única posesión, se ofreció voluntario.

-¿Él? –rieron los escépticos.

-¡Él! –gritó el pueblo, alabando su valor.

Apenas tardó dos días en redactar una pequeña constitución. En ella no había normas, ni reglas, ni obligaciones. Se trataba de un hermoso canto a la Libertad. Tan bello, que todos olvidaron su espanto y comenzaron a vivir.

NiñoCactus