martes, 6 de septiembre de 2011
Madrastra
Hoy el niño le entrega otro cuento: Pinocho.
Por primera vez, antes de acostarse, el espejo no responde ante sus lágrimas: “Tú, mi reina”.
NiñoCactus
martes, 30 de agosto de 2011
Ficción
La profesora pregunta por el animal con el cual nos identificamos. Mi imaginación vuela, como un pájaro, uno azul que se confunde con el cielo y así puede batir sus alas con extremada libertad, pues nadie lo ve. Está solo, confundiéndose con la inmensidad anhelada, hasta chocar contra una trampa.
Ricardo Pedrosa siempre me lee el pensamiento.
-Un gato -responde desde el asiento de atrás, mientras clava la punta de su zapato en mi espalda. Yo disimulo el gesto de dolor con resignada costumbre.
Entonces me toca a mí.
-Un leopardo -miento.
Y, a pesar del engaño, confío en que hoy la realidad del recreo cambie.
NiñoCactus
sábado, 20 de agosto de 2011
La zona
Desde aquel verano, las miradas de los vecinos se vuelven a diario hacia el lugar de los hechos. Algunos hasta se atreven a señalar pero nadie habla y, con los años, únicamente los mayores recuerdan lo sucedido. Yo sólo sé que de allí provienen mis peores pesadillas.
NiñoCactus
lunes, 1 de agosto de 2011
LOS CUENTOS DESDE EL JARDÍN I
Relato para leer y escuchar
Un regalo de Mar que acaricia las palabras con su voz desde Los jardines de Puck.
Libertad
Llevaban tantos años atemorizados por aquel dictador, que cuando fue derrotado, tuvieron miedo de ser libres.
-La libertad corrompe –aseguraban unos.
-La libertad genera violencia –proclamaban otros.
Ante dicha situación, decidieron encomendar a alguien la labor de escribir nuevas leyes que mostrasen cómo actuar en cada momento y, a ser posible, diferentes a las anteriores para evitar el recuerdo de la opresión.
Nadie se atrevía a asumir semejante tarea. No querían ser acusados de estar creando un nuevo régimen autoritario y acabar desterrados por ello.
Finalmente, un hombre humilde, sin hogar, con una guitarra como única posesión, se ofreció voluntario.
-¿Él? –rieron los escépticos.
-¡Él! –gritó el pueblo, alabando su valor.
Apenas tardó dos días en redactar una pequeña constitución. En ella no había normas, ni reglas, ni obligaciones. Se trataba de un hermoso canto a la Libertad. Tan bello, que todos olvidaron su espanto y comenzaron a vivir.
jueves, 28 de julio de 2011
Al compás de la música
Padre dio cinco pasos hasta el centro de la nueva cocina. Lo hizo despacio, de manera casi solemne. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Era imposible no contarlos, igual que es imposible escuchar las campanadas sin enumerar mentalmente cada tañido. Madre y yo le observábamos desde la puerta.
-Es preciosa –dijo ella.
-No está mal –respondió él-. Aquí es donde ha acabado el dinero de mi abono de fútbol. Ya podemos amortizarla.
Sacó el carné de la billetera y, con un guiño, me lo lanzó.
-¿Has visto el suelo? ¡Cómo brilla! Parece una pista de baile-. No recuerdo quién pronunció esas palabras. Quizás fueron los dos.
Entonces madre caminó hasta pararse justo delante de él. Seis pasos. Nunca antes había visto besarse como en las películas. Fue la primera vez. Me quedé mirándolos, inmóvil. Era bonito.
Esa noche, mientras yo dormía, bailaron a la luz del frigorífico. No había música y, sin embargo, sus pies llevaban el mismo ritmo. Allí, dentro de su cabeza, en su mirada, sonaba una canción que nadie más podía escuchar, sólo ellos dos. Eso era su amor: una melodía que únicamente ellos eran capaces de oír y entonar. Y si cualquier otro hubiese intentado cantarla, habría sonado desafinada. Imagínense la escena. Una cocina completamente en silencio, y dos personas bailando en medio con un mismo compás de movimientos y caricias. Y la puerta del frigorífico entreabierta.
A la mañana siguiente, madre limpió la escarcha que se había formado en el fondo de la nevera.
NiñoCactus
Parejas
-¡No todo es blanco o negro, también existe el gris!-grita el blanco enfadado.
- No..., desde que tú te fuiste –responde el negro en un hilo de voz.
NiñoCactus
lunes, 18 de julio de 2011
Cinefilia (Kilimanjaro II)
Nací mientras padre veía en el cine Las nieves del Kilimanjaro.
-Con una morena –decía madre-, pero más fea que Ava Gardner.
Quizá la libertad de la montaña o la agonía del protagonista, le empujaron a marcharse sin conocerme.
Ahora, cada cumpleaños, madre pone la película y me abraza.
NiñoCactus
sábado, 16 de julio de 2011
Kilimanjaro
Para convertirse en el guerrero más fuerte de los masai, Kibo marchó a la Montaña Brillante dispuesto a arrancarle su espíritu. Semanas después, el joven regresó con mirada vacía y piel de luna. Desde entonces una roca negra sobresale entre las nieves perpetuas, y los hombres blancos caminan sin alma.
NiñoCactus
lunes, 11 de julio de 2011
Nombres
En mi pueblo, el nombre de los recién nacidos lo asignaba el escribiente. Tenía ese don: conceder a las personas el nombre apropiado. Si iba a sufrir, Dolores; si era buena persona, Amable; si se convertiría en matemático, Pitágoras. Nunca recibió una queja. Se llamaba Bautista.
NiñoCactus
Amigos rivales

En verano pasábamos la tarde jugando al futbolín. No importaba perder o ganar, tan sólo buscábamos divertirnos.
Entonces, llegó ella.
NiñoCactus
Ilustración de Sandra García
sábado, 2 de julio de 2011
La oscuridad de la luz

Sebastián contaba soles; cada mañana uno nuevo, diferente al anterior. No sabía muy bien dónde iban a parar pero pensaba que si un día se juntasen todas aquellas bolas de fuego, el mundo sería de luz, y no se podría ver otra cosa. Entonces, un fogonazo blanco lo llenaría todo. No habría nada más.
A Sebastián le asustaba pensar en semejante resplandor, y cuando el miedo se hizo tan enorme que no le cabía dentro, comenzó a provocar oscuridad. La negrura brotó de sus ojos tiñendo palabras y escuchas. Finalmente, lo cubrió todo, hasta el amanecer. Y ya no hubo luz que alumbrase.
Una tarde encontró la libreta donde apuntaba sus soles al fondo de un cajón. Cada palito comenzó a brillar coloreando de nuevo su pequeño rincón del mundo. Así descubrió que había tenido miedo del miedo. Y no dejó que éste volviese a atemorizarlo nunca más.
NiñoCactus
domingo, 19 de junio de 2011
Mi primera mentira
El circo resumía nuestra única ventana al mundo: la manera de descubrir personajes extraordinarios y animales imposibles. Aquellos carromatos se pasaban todo el año viajando por los lugares más recónditos del planeta y, desde allí, traían las maravillas encontradas a nuestro pequeño pueblo.
Recuerdo el desfile de aquel verano, era mediodía y el sol pegaba fuerte. Mis hermanos vociferaban locos de alegría, y Andrés, el más pequeño, a quien yo llevaba a la espalda, aplaudía con todas sus fuerzas. Entonces lo vimos, un cartel pintado con grandes letras rojas donde podía leerse: “Ven a conocer al fabuloso Hombre Unicornio”.
Andrés se quedó inmóvil.
-¡Los unicornios! –me gritó al oído-. Seguro que él puede.
Pero nosotros no teníamos dinero para la entrada. Ni juntando los ahorros de los cinco conseguíamos sumar lo suficiente para pagar una.
-Tranquilo –le dije-, yo iré a buscarlo. Hablaré con él, y encontraré el modo de traerlo a casa.
Después de la función de tarde me escurrí dentro del campamento. Encontré al Hombre Unicornio en medio del establo, dando de comer a los caballos. Había algo de irreal en la escena, como si aquel hombre no fuese hombre ni los caballos simples monturas. Y justo cuando me disponía a salir de mi escondite, vi cómo se llevaba las manos a la cabeza, y de un golpe seco se quitaba el cuerno que coronaba su frente para apoyarlo en la cabeza de uno de los animales mientras reía. No podía creerlo: se trataba de una farsa, de una maldita mentira.
Al llegar a casa no le conté la verdad. No pude hacerlo. Mi hermano me esperaba en la puerta, sentado en su silla de ruedas.
-¿Vendrá?
-Esta vez no –le contesté-. Todavía no tiene suficiente poder, pero el próximo año regresará con toda su magia, y tú volverás a caminar.
Él nunca me reprochó aquella mentira. Al menos, le proporcionó el tiempo suficiente para comprender que los unicornios no existen.
NiñoCactus
miércoles, 15 de junio de 2011
Fuego
-¡Simulacro! Dije simulacro, nada de incendio. ¡Dejad de recoger! –Intento recuperar mi autoridad dando un golpe en la mesa, pero ellos no prestan atención, nunca lo hacen, y ya están hablando por sus móviles como si yo no existiese.
Respiro hondo y trato de tranquilizarme, aunque con semejante algarabía es imposible conseguirlo. Lentamente, noto cómo la temperatura va aumentando.
NiñoCactus
miércoles, 8 de junio de 2011
Leyenda Azteca
La oscuridad devoró a la pantera y, desde entonces, la noche desgarra el alma de quien se atreve a mirarla a los ojos.
NiñoCactusInvisible
Cuando pasé de alondra a búho para velar las noches de tu ventana dormida, sólo la sombra regalada de tu insomnio iluminaba la oscuridad de mis ojos.
NiñoCactus