martes, 27 de octubre de 2009

Evolución


Un instante antes de morir el informático vio pasar ante sus ojos toda su vida en un impoluto powerpoint.

Ning1

Ilustración de Bakar

domingo, 25 de octubre de 2009

El cuadro

Cielos, cómo brilla hoy el valle. Dice en voz baja que es por el sol y vuelve a dejar el pincel junto a la paleta. Se aleja unos pasos para observar el lienzo. No cabe duda, desde que perfiló su luz, el paisaje se ha iluminado resaltando el resto de tonalidades. Incluso juraría que han florecido algunas margaritas. Ahora sólo queda por resolver el pequeño charco que se formó bajo la tela tras dibujar el río. Y esboza una presa con trazos rápidos.


NiñoCactus

jueves, 22 de octubre de 2009

Hermosura y Horror

Cielos, cómo brilla hoy el valle. Entrecerró los ojos para evitar que la claridad de la mañana lo cegase. Era tan hermoso. Parecía que un manto dorado hubiese cubierto todo y resplandeciese aún más. La idea se le clavó en el pecho desfigurando su rostro. El sueño le había hecho olvidar su desgracia durante unas horas y, levantándose de su fría cama, Midas lloró.


NiñoCactus

miércoles, 21 de octubre de 2009

Mascota

Fresca, brillante, antihistamínica… Así es la nueva mascota transgénica. No suelta pelo, no huele mal, no hace ruido. Además, con su mejorado intestino biotecnológicamente modificado, aprovecha todo el alimento sin necesidad de realizar las molestas caquitas.

En definitiva, una mascota ideal pensada para usted, hombre y mujer del día de hoy, perfectos y genéticamente seleccionados.

NiñoCactus

jueves, 15 de octubre de 2009

La Vida Nueva

Deseaba tanto un cambio de vida que, al recibir el mail de la directora de Recursos Humanos confirmando mi nombramiento como jefe del proyecto de investigación LAE, estuve a punto de gritar de alegría. Contaba con dos semanas para incorporarme a mi nuevo puesto. Nueva ciudad, nueva casa, nuevos compañeros..., justo lo que necesitaba: salir de la monotonía y la indiferencia en las que me había instalado. Llevaba un par de años sin levantar cabeza. Me encontraba cansado de todo, hasta de mí mismo. Ansiaba ser diferente.

Pensé en no llevarme nada, marchar sólo con lo imprescindible. Me lo podía permitir. Iba a cobrar casi el doble de mi sueldo actual, y el incentivo por traslado que me habían ofrecido era muy generoso. Sin embargo pudo la nostalgia. Tampoco era cuestión de borrar el pasado, y tenía recuerdos que me apetecía conservar. Por otro lado, desde un punto de vista más pragmático, me suponía un ahorro de tiempo en compras.

Decidí buscar una empresa que se encargara de toda la mudanza. Me negaba a pasar varios días embalando mis pertenencias. Encontré lo que buscaba en un anuncio del periódico: “Hacemos posibles los cambios. Portes Alquimia”. Nunca me había fijado en que este tipo de servicios se publicasen en los diarios, y menos aún ocupando toda una página.

En dos días estaba todo dispuesto. Yo me había dedicado a buscar piso para alquilar, y había encontrado uno en pleno centro y a un precio excelente. Sólo quedaba recolocar las cosas, así que comencé a desempaquetar cajas. Llevaba cuatro abiertas y en ninguna de ellas había encontrado nada que me perteneciese. ¡No me lo podía creer!, se habían confundido durante el traslado. Necesitaba refrescarme un poco, tal vez así se me pasase el enfado. Entonces me di cuenta del error: todo estaba en orden. Era yo, reflejado como un extraño en el espejo, el que no era el mismo.

NiñoCactus

jueves, 1 de octubre de 2009

Medicinas

Creen que es alergia, pero es amor. Y pese al tratamiento me sigo ahogando si no estás cerca. Hace tres días que me ingresaron para hacerme un estudio más completo. Por ahora, parece que la medicación que me da la nueva enfermera comienza a hacer efecto.


NiñoCactus

viernes, 25 de septiembre de 2009

Miedo

Tenía tres intentos para lograrlo.
No gastó ninguno.

NiñoCactus

martes, 22 de septiembre de 2009

Volver a Empezar


Aquel otoño no cayó ninguna hoja. Los árboles conservaron su vestimenta. Ni el aire ni la lluvia consiguieron desnudar los tallos secos por el calor del verano. Si alguien hubiese podido volar, subir por encima de los bosques y mirar desde arriba buscando lo que dejó abajo, hubiese visto un cuadro de tonalidades rojizas y ocres en movimiento, un lienzo vivo pintado por una mano anónima. Si alguien hubiese sabido volar, habría aprovechado para huir lejos. Pero nadie sabía y todos tuvieron que quedarse.
Los primeros días de octubre comenzó a soplar un viento procedente del interior de la tierra que se elevaba formando remolinos. Fue un deseo, uno que ni siquiera llegó a ser pronunciado, el que silbó hasta convertirse en una tormenta. Uno que se encendió en los ojos y se exhaló como un aliento: ojalá todo siga igual. El aire se llevó consigo palabras como adiós, marcha o pérdida... Desaparecieron de la memoria de los labios y se borraron sin saber por qué.
Al principio la gente estaba feliz. No hubo despedidas ni separaciones. No se derramó ni una sola lágrima por un ser querido. Con el tiempo, toda esa alegría inicial dio paso a la tristeza. Es cierto, nadie se fue, nada acabó. Pero del mismo modo, nada empezó y nadie llegó. No existieron encuentros ni sorpresas. La vida quedó inerte, atrapada en la viñeta de un cómic que no tiene más historia que contar.
Ese año no hubo invierno, ni primavera, ni verano. No llegaron la nieve, las flores o el sol. Faltaron las bufandas aunque el frío se agarraba por dentro hasta doler. El aire no se llenó de olores dulces ni de trinos de pájaros. Y el calor no tuvo frutos que madurar ni pieles que broncear. Por eso, cuando en el otoño siguiente cayó la primera hoja, hubo una gran celebración: la fiesta de volver a empezar.
NiñoCactus
Ilustración de Javier Termenón
y no dejen de visitar más maravillas suyas

martes, 8 de septiembre de 2009

¡Tachán!


El gran Mandrini pronunció las palabras mágicas, hizo un sencillo movimiento con los dedos e introdujo su mano dentro de la chistera. Por primera vez, tras quince años ejecutando el mismo truco, fue el mago, y no el público, quien puso cara de asombro: ¡no encontraba el conejo! Rebuscó, metió el brazo hasta el hombro y, después de un par de minutos palpando cada recoveco, lo sacó sin nada. Rápidamente tomó de su chaleco el Manual de emergencias para ilusionistas, y consultó paso por paso qué pudo fallar. No lo entendía. Había hecho todo de manera correcta.


Cuando los payasos irrumpieron en la pista, en un intento por salvar el espectáculo, la niña, que había salido a sujetar el sombrero de Mandrini, volvió junto a sus padres, situados en la segunda fila, y se sentó sin decir nada. Una vez terminada la función, la pequeña pidió volver a casa sin detenerse en los puestos de feria que tanto le gustaban. Al llegar, corrió hasta el comedor y, ante la atónita mirada de su familia, cogió el florero azul de la vitrina y sacó de él un precioso conejo blanco mientras, con un risita, decía: ¡Tachán!


NiñoCactus


Dibujo e inspiración: Citla

La historia de siempre

Tampoco la sirena, con sus cantos, consiguió que él se quedara.

NiñoCactus

sábado, 15 de agosto de 2009

Você é linda

Ilustración e inspiración: Citla

martes, 11 de agosto de 2009

Superhéroes

El destino había querido que él, y no otro, fuera el primer humano mutante de la historia. Una portentosa conexión de casualidades cósmicas habían modificado su estructura genética, dotándole con el poder de desplazarse a una velocidad imposible para cualquier otro ser humano.

Al otro lado de un pasillo a oscuras, Amanda, su amada, le esperaba vacilante. Para salvar su vida tendría que correr a una velocidad como nunca antes lo había hecho. Tendría que superar la velocidad de la luz.


Patricio se concentró. Tomó aire en sus pulmones y dejó que su mente quedara en blanco. Las enseñanzas de Antonio, su maestro, resonaron en su mente como en las películas que ponían en la tele antes del toque de queda.


“ Visualiza lo que quieres conseguir, hazlo tangible en tu mente, y nada te resultará imposible”.


Patricio visualizó la carrera en su mente, desde la primera zancada hasta el salto final que lo llevaría a salvar la vida de Amanda. Cuando estuvo preparado levantó la mano accionando el interruptor. En ese mismo instante sus piernas empezaron a moverse.


Fue en su tercera zancada cuando las luces de neón del pasillo comenzaron a parpadear. El significado de aquella señal era innegable: La luz se aproximaba. Inmutable ante el riesgo que se cernía sobre ellos, Patricio siguió corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían, lamentando no tener unas piernas más grandes, quizás como las de su tiránico padre, para acortar más rápidamente la distancia que lo separaba de su amor.


El pasillo se fue acortando, ¡cada vez era menor la distancia que lo separaba de Amanda! Sin embargo, al mismo tiempo el neón seguía parpadeando, cada vez con intervalos más cortos, anunciando la inminente llegada de la luz. El tiempo se acababa y Patricio lo sabía perfectamente.


En un titánico último esfuerzo saltó. Sabía que el momento de la llegada de la luz era inminente y que aquella era su última oportunidad: necesitaba acortar la distancia que lo separaba de Amanda inmediatamente o las fuerzas del mal se apoderarían para siempre de su amada.


Contuvo la respiración y el suelo comenzó a alejarse paulatinamente de sus pies. La intensidad del salto realizado, sin embargo, le forzó a cruzar en el aire sus piernas. En el mismo instante en que su pierna derecha se clavó en la izquierda, supo que había fracasado. Su inestable equilibrio quedó hecho añicos y cayó al suelo, un metro por detrás de la posición de Amanda. En el mismo instante en que su cara chocaba contra el suelo, la bombilla, con un último click, se encendió definitivamente, iluminando completamente el pasillo.


Patricio notó un reguero de sangre cayéndole desde la nariz. El dolor físico quedó, sin embargo, relegado a un segundo lugar, cuando Amanda se levantó del suelo y, mirándole a los ojos, le dijo sin titubear:


“Eres un mentiroso”.


Patricio vio desde el suelo como Amanda se alejaba. Supo que había contado todo lo ocurrido cuando su madre apareció corriendo y gritando por el pasillo. A sus ocho años sintió por primera vez la hiel del fracaso. Con la cara ensangrentada, intentando contener las lágrimas que el dolor quería sacar fuera, Patricio maldecía a Antonio, su profesor de gimnasia y a sus estúpidas ideas sobre la fuerza de voluntad.


Ning1


Nota del autor: Si te ha gustado el relato, te aconsejamos leerlo de nuevo pulsando antes en el video siguiente para acompañarlo de música. ¡La primera parte se vive mucho más! jejeje


domingo, 9 de agosto de 2009

Historias de los pasos de cebra II

-Primero miramos a la derecha...

-... Y luego a la izquierda –terminé la frase mientras observaba cómo mi padre movía la cabeza a ambos lados para luego indicarme que hiciese yo lo mismo. Después, llegaba el momento de la verdad: me cogía de la mano, me daba un pequeño apretón y decía: “Ya sabes, sólo podemos pisar las rayas blancas”.

Asentí impaciente y salté de la acera sin pensármelo dos veces. Esa mañana la maniobra fue perfecta y aterricé con los dos pies en el primer rectángulo del paso de peatones. Nadie más cruzaba. Di el segundo salto con la precisión de un profesional. Pisé justo en el centro de la siguiente isleta y, sin detenerme, tomé velocidad para dar una nueva zancada. En esta ocasión calculé mal y casi rocé lo negro con la zapatilla. ¡Ahí comenzó el miedo!

Sentí mi corazón latiendo enloquecido y un nudo en el estómago me impedía respirar. Empecé a marearme, así que me agaché para recuperar el equilibrio. Me apreté contra el suelo. La voz de mi padre sonaba lejana y no entendía lo que quería decirme. A mi alrededor se había formado un abismo oscuro imposible de cruzar. Cerré los ojos. Todo empezó a dar vueltas. De pronto, sentí que me agarraban por la cintura, no sabía quién era y tampoco quería mirar. Pasó mucho tiempo, no sé cuánto, me encontraba más tranquilo. Escuché a mi madre que susurraba mi canción favorita y me dormí.

Al despertar recordaba vagamente lo sucedido. Decidí que formase parte del sueño y olvidarlo. Desde entonces, me aterran los documentales sobre fauna africana.


NiñoCactus

jueves, 6 de agosto de 2009

Historias de los pasos de cebra I

Camina despacio, con la mirada perdida. Lleva un libro entre sus manos, desde donde me encuentro no consigo adivinar cuál es. Sólo pienso: que mire, que mire, que me mire. Lo pienso tan fuerte que me da miedo que lo escuche. Pero no lo hace y sigue caminando. Cuando llega a la otra acera se pierde entre la gente. Alguien, estacionado detrás de mí, pita.


No, no puede ser. Debería haber hecho algo. Ojalá pudiera echar atrás el tiempo.


Camina despacio, con la mirada perdida. Bajo la ventana del coche y la llamo. Qué vergüenza, pienso, y qué le digo ahora. Pero va escuchando música y no me oye. Me pregunto qué canción sonará en ese momento, y me imagino bailando con ella en mitad del paso de cebra. Sigue caminando. Cuando llega a la otra acera...


Un momento. Si antes conseguí retroceder unos segundos, por qué no iba a poder hacerlo otra vez.


Camina despacio, con la mirada perdida. Toco el claxon. Ella, sobresaltada, echa a correr hacia la otra acera y se pierde entre la gente.


¿Y si dejo el coche? ¡Eso es! Si voy andando me la encontraré de frente.


Camino despacio, con la mirada fija en la otra acera. Pero ella no aparece.


Hay historias que no se darán jamás.



NiñoCactus

martes, 28 de julio de 2009

A veces me olvido de mí...

A veces me olvido de mí... Me dejo abandonado y, cuando me doy cuenta, tengo que volver corriendo a buscarme.
Un día me retrasé y, al llegar, estabas tú esperando a mi lado. Te di las gracias por cuidarme. Mientras te marchabas, agarré tu mano y te pedí que te quedases. Vi tu sonrisa y supe que nunca más volvería a perderme.

NiñoCactus