martes, 5 de febrero de 2008

Nueve estrellas ( III )

Ardexe era el ser humano más anciano sobre la faz de la tierra. Acumulaba más de cien décadas sobre sus hombros. Sin embargo, su rostro no delataba más de cuarenta años. Por esta y otras razones era también el hombre más extraño. Ardexe no tenía casa, ni dinero, ni oficio conocido. Jamás había conocido el amor. Además parecía vivir del aire.

Ardexe no comía nunca.

Todas estas rarezas lo obligaban a viajar mucho. No le gustaba ser diferente y sólo podía ser confundido con una persona normal si estaba menos de tres días en un lugar. Por eso, durante la noche del segundo día, cuando nadie lo veía, recogía su exiguo equipaje y seguía su viaje.

Ardexe, llegaba y se marchaba siempre andando. Nunca utilizaba otro tipo de transporte. Le gustaba sentir que su vida avanzaba guiada únicamente por sus propios pies.

En realidad Ardexe no vivía del aire. Ardexe para poder sobrevivir tenía que devorar estrellas. Lo hacía mientras dormía. Las iba aspirando con su respiración rítmica, poquito a poquito. Pero eso nadie lo sabía.

Ni tan siquiera él.

6 comentarios:

Ning0 dijo...

Hacía un tiempo que no pasaba por aquí y veo que esto ha cogido vida. Os felicito a ambos.

Espero dormir bien después de leer la tercera parte de las estrellas.

cuentonuevo dijo...

Aunque nadie me entienda... Juan, acabo de llegar a casa y, ¿ves?, aquí sí está la tercera parte. Te digo yo que en Osorno no llegan las cosas hasta pasados dos días...
Niñocactus

Rayuela dijo...

Ardexe hice bien en mantener el secreto, es mejor, asi no se nos acaban las estrellas, porque si a todos nos da por alimentarnos de estrellas nos quedemos oscuros para siempre.

Saludos

Ning1 dijo...

Ardexe no sabe que se alimenta de estrellas, las devora mientras duerme y ni él, es consciente de ello

el esento dijo...

Por eso es importante dormir con la ventana un poco abierta.

Saludos cordiales

M dijo...

me he descargado la blog entera, prometo dar seniales de vida...