viernes, 8 de febrero de 2008

Nueve estrellas (IV)

Salis era un pueblo muy tranquilo. Posiblemente el más tranquilo que jamás haya existido sobre la faz de la tierra. Allí no había alcalde ni fuerza de la ley. No existían normas ni castigos por incumplirlas. Sus habitantes habían aprendido a convivir siempre en paz. Ni siquiera existía el dinero. Salis era, para alguien como nosotros, algo casi inimaginable.

En realidad en Salis había una norma. Solamente una.

Estaba completamente prohibido viajar hasta Vólverin.

Afortunadamente, todo el que llegaba a Salis se veía inundado por su tranquilidad. Por eso, por la paz interior que lograban los visitantes, nunca nadie quería marchar.

Como nadie nunca quería marchar a Vólverin, con el tiempo, dejó de ser necesario avisar a los forasteros de la única norma de la ciudad. Ese fue el motivo por el que se descuidaron. Por eso cuando llegó una persona sin casa, ni dinero, ni oficio conocido, a nadie se le ocurrió contarle la verdad.

Por eso Andrexe, el hombre que devoraba estrellas, fue el primer y único hombre que anduvo el camino que unía Salis con un pueblo al que nadie había viajado nunca.



2 comentarios:

Ning0 dijo...

¿Cómo se nos puede tener casi una semana en espera? Yo creo que hasta en Salis dbe haber alguna norma que lo prohibe.

Y ahora peor.

¿Cómo se desenredará la madeja?

cuentonuevo dijo...

Vaya, yo creía que esto era porque en Osorno las páginas web sólo se actualizan cada tres días pero veo que es Ning1 el que no se actualiza ;P
A estas alturas seguro que Andrexe ya ha llegado a Vólverin.
Abrazos de espera.
Niñocactus