viernes, 12 de enero de 2007

En un rincón del jardín el niño excavaba con su palita. Iba haciendo pequeños montones con arena de distinto color. De pronto se quedó paralizado. La tierra se había vuelto rojiza. Salió corriendo a buscar alcohol y algodones. Ya está, ya está, le susurró. Ahora pisa con suavidad.

Niñocactus

4 comentarios:

Ana dijo...

Vaya me ha encantado el cuento.

Niñocactus dijo...

Me he dado cuenta de que somos la última generación de la mercromina. Y aunque digo alcohol en realidad pienso en ella. Qué nostalgia. Sea un homenaje. Abajo el betadine y la cristalmina.

Molly Malone dijo...

Tengo demasiado sueño como para poner un comentario a la altura de este cuento. ¡¡Me encanta!! Gracias

alquimia dijo...

¡qué tierno! si se nos contagiara la visión de los niños y pénsaramos un poco más en la vida que pisamos...y las vidas que lo habitan