sábado, 10 de marzo de 2007

Toda mi vida la había pasado encerrado entre aquellas paredes. Cuando al fin me decidí a huir, no encontré camino que me llevase hacia la ansiada libertad. No importaba la dirección que tomasen mis pasos, siempre encontraba un obstáculo que me impedía seguir avanzando. Derrotado en un rincón y consumido el cuerpo, mi alma comenzó su ascenso. Desde el aire pude contemplar allá, abajo, el laberinto.

Niñocactus

2 comentarios:

si no cierras bien los ojos... dijo...

asi que todo esto resultó ser un laberinto, eh? buena respuesta...la única salida es aprender a volar...

cuentonuevo dijo...

Pues en esas andamos... Nos vemos planeando por encima de la posada Almayer...
Niñocactus