sábado, 30 de agosto de 2008

Niñoviento

Niñoviento descansaba en las ramas de Viejorroble.
– Quisiera tener la fuerza del huracán y la suavidad de la brisa.
Respondió el árbol. – Sé el grito del amor que es el susurro que acaricia.

Niñocactus

4 comentarios:

Anónimo dijo...

... y él nunca quiso ser árbol, sino viento...
Sin que salgan más palabras otra vez...

Besiños.

una chica cualquiera dijo...

precioso... como un amor susurrado a voces...
un saludo!

cuentonuevo dijo...

Besiños: ... y nada más que viento.

Una chica cualquiera: como una voz susurrando al amor.

Niñocactus
(Este fue de los primeros cuentecillos)

mercedes de la jara dijo...

Que lindo....me llego a lo más profundo...