domingo, 29 de julio de 2012

Zambullirse con los ojos bien abiertos

            Jaime tenía miedo al agua. Incluso cuando bebía, lo hacía a sorbitos, para así evitar ahogarse. Tal era su pavor que ni siquiera se atrevía a sollozar. Si se ponía triste, se le encogía el corazón, pero no derramaba ni una sola lágrima porque no sabía cuánto llanto podía caber en sus ojos: ¿un charco?, ¿un río?, ¿un mar?...
            Debido a eso, todos se extrañaron el día en que Jaime pidió de regalo un traje de baño.
            –También te hará falta un flotador, o unos manguitos –le dijeron sus padres.
            –No ­–siguió tranquilamente el muchacho­–, solo necesito un par de alas.

NiñoCactus

8 comentarios:

Aurora Ruá dijo...

Tannnnn bonito....

Ester dijo...

Me ha encantado, por favor alguien le puede dar las alas terrestres.
Saltos y brincos Ester

Elysa dijo...

¡¡Hermoso...!!!

Besitos

Anónimo y orgulloso de ello dijo...

A los gatos les asusta el agua...esto me hace pensar que quizá se trate de una alegoría sobre "El Gato Volador"
Y a ella le gusta la gasolina...
La Boca del Ello

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Llego desde los jardines de Puck y reconozco que me sorprende no haber encontrado el camnino antes.

Me gusta este micro que juega con la irracionalidad infantil para darnos una lección de lógica pura.

Me quedo asomado a la ventana para volver.

Un saludo,

Laura dijo...

Es precioso ¡un par de alas para un lloroncete!.

Con traje de baño y alitas será un perfecto "sireno".

Un beso (hace tiempo que no venía... un abrazo también).

Stella Rubio dijo...

guauuuu, conmovedor!!! es precioso...

Mónica dijo...

precioso, encantada de volver y leerte. un abrazo